El Socialista 340 - Septiembre de 2008

Carestía, el signo de Calderón

Angélica García Olivares

La crisis económica que se vive a partir de que Estados Unidos comenzó a experimentar problemas financieros, se ha resentido en nuestros bolsillos, como ha tenido que reconocer Carsten, secretario de hacienda. Claro, la crisis no es consecuencia sólo de la recesión estadounidense, a ella se suman las políticas económicas de nuestro flamante gobierno, diseñadas para beneficiar a unos cuantos.

Meternos a explicar el  porque de la crisis gringa y su impacto en los mercados financieros internacionales, es materia de otro artículo. Pero lo que si toca es explicar  las consecuencias de esta crisis en los bolsillos de las y los trabajadores, para demostrar porque no debemos confiar en partidos que sirven a empresarios y poderosos.

Los alimentos se han incrementado, en el transcurso de un año en 9.62%. Es decir, si hoy el kilo de jitomate cuesta $11.00 pesos, hace un año costaba $10.00. Este aumento no parece tan importante, pero si a esto se suma que los salarios no suben a la par que los precios, entonces el panorama se complica para los trabajadores.
En este mismo periodo, los productos y servicios de la canasta básica se han incrementado, en un 7.34%, mientras que la tarifa de transporte público se ha elevado en un 9.66%. Los medicamentos han elevado sus precios en un 8.43%.

El incremento en la gasolina ha sido el de más impacto. El gobierno decidió retirar los subsidios al combustible y está aplicando incrementos sin previo aviso, el último el 15 de septiembre, aprovechando el puente para que pasara desapercibido.

Si al inicio del sexenio un auto compacto de 40 litros se llenaba con $269.6 pesos, ahora se llenará con $295.2 pesos, es decir, el incremento es de $25.20 pesos por tanque. Este incremento tendrá efectos en diferentes productos y servicios, ya que al subir el combustible, también se encarecen los costos de transportación.

¿Cuál es la solución? Ante los incrementos debemos exigir escala móvil de salarios, es decir, que a cada aumento en los precios se incrementen en la misma proporción los salarios de los trabajadores.

¿Qué debemos hacer para lanzar esta exigencia? Organizarnos, movilizarnos, enfrentar a patrones y gobernantes serviles. Es momento de tomar las calles y paralizar al país, sólo la fuerza de la clase trabajadora le pondrá un alto a las políticas económicas que deterioran día a día nuestros bolsillos.
Sólo el pueblo organizado podrá parar los incrementos en los precios, que merman nuestra ya de por si lastimada economía.

Contenido