El Socialista 370 - Mayo 2012

AMLO de rodillas ante el Papa y Joe Biden

Enrique Gómez


Dos hechos recientes marcan el pronunciado giro a la derecha del “candidato de las izquierdas”, López Obrador: su asistencia a la misa oficiada por Joseph Ratzinger, mejor conocido como Benedicto XVI, en Guanajuato, y su carta dirigida al vicepresidente de Estados Unidos, durante su reciente visita a nuestro país. Además de la firma de compromisos con importantes sectores empresariales del país, que ya hemos abordado en números anteriores.

Su decisión de asistir a la misa papal, consensada con su equipo de campaña lo muestra de cuerpo entero, a pesar de que pretendió justificarlo declarando ante la prensa que se trataba de un Jefe de Estado, por lo que debía estar presente, cuando era más que evidente que el Papa no visitaría el D.F., pues en esta ciudad se han aprobado leyes a favor del aborto y de la unión legal de parejas homosexuales, una clara reprobación a políticas impulsadas por los gobiernos perredistas.

Es lamentable que el dirigente y candidato de la “izquierda” se preste al juego de quién ha sido el principal protector de los curas pederastas a nivel internacional. Es abominable el cubrir esa más que penosa mancha de la Iglesia Católica, que ha conllevado el desprestigio de esa reaccionaria institución, sobre todo cuando en el país estaba en juego la “Reforma” al artículo 24 constitucional (la verdadera razón de la visita papal), donde la Iglesia pretendía recuperar algunos de sus privilegios, echando atrás nada menos que la Reforma juarista que impuso de separación de la Iglesia y el Estado, una verdadera revolución liberal y anticlerical en el siglo XIX, que ahora pretende ser echada atrás, con la colaboración perredista.

Pero no se queda atrás su actitud y política ante la visita de Joe Biden, quien vino a palomear a los presidenciables, prueba que por supuesto pasó ampliamente el Peje. Es por demás esclarecedora de su verdadera política proimperialista, la carta de AMLO al representante del imperio, donde entre otras joyas, menciona el Tratado de Libre Comercio, sin decir una sola palabra del papel de sojuzgamiento y brutal explotación que tal acuerdo ha provocado a nuestro país, sujetándolo a los intereses norteamericanos, sin ninguna oposición, ningún rechazo. Vaya, ni siquiera el plantear la necesidad de “revisarlo”, como otros políticos burgueses mexicanos han planteado.

Pero hay dos aspectos de su carta, sintomáticos de su giro derechista: su afirmación de que se requiere “una policía federal profesional y moralizada para retirar gradualmente al ejército de las calles; mejoraremos los sueldos y prestaciones de todas las corporaciones policíacas”. Sí, leyeron bien, López Obrador no platea la desaparición del principal instrumento represivo en el país, sino su profesionalización. ¿Qué opinan los trabajadores del SME o los mineros al respecto? ¿Qué dirían los ejidatarios de Atenco? ¿Una policía federal moralizada? ¡Para retirar gradualmente al ejército!

Y el otro es insultante a la inteligencia del pueblo de México: “En particular, reconozco a usted y a su gobierno, la decisión expresa de no intervenir, bajo ninguna consideración, en los procesos electorales de nuestro país, asunto que solo corresponde resolver, con democracia, absoluta libertad e independencia, al pueblo de México”. ¿Entonces a qué vino Joseph Biden? Vino precisamente a intervenir, a supervisar el curso del proceso electoral y así decidir si era necesario intervenir.

No, López Obrador no es el “candidato de las izquierdas”, es un instrumento de control a las legítimas aspiraciones de libertad del pueblo mexicano. No cabe ninguna duda al respecto.