El Socialista 370 - Mayo 2012

Josefina Vázquez Mota: de error en horror

Humberto Puente


Después de una intensa lucha entre los grupos que componen al Partido de Acción Nacional, y sin que Felipe Calderón Hinojosa pudiera imponer a su candidato, Ernesto Cordero, una “distinguida” militante fue ungida como candidata a la Presidencia de la República: Josefina Vázquez Mota.

Sin embargo, su campaña no ha logrado salir del marasmo ni de los grandes errores que pareciera, están hechos a propósito para desacreditarla, y dejar que la “alternancia” política se abra paso, permitiendo que el PRI regrese en la figura de otro gris individuo, Enrique Peña Nieto.

Como secretaria de SEDESOL, Vázquez Mota nada hizo, tan sólo “reducir” la pobreza con base a la idea de disminuir los números que indican que hay pobreza extrema: si vives con tanto, ya no eres tan pobre. Peor aún, como diputada federal, fue una de las que más faltó (sólo estuvo en el 6% de las votaciones) y ninguna propuesta legislativa aportó.

Previamente, en su periodo de pre-candidatura, inició sus errores con una conversación telefónica, seguramente “filtrada” por gente de su partido, donde hablaba mal, muy mal, de Genaro García Luna por grabarla a ella y no al “Chapo” Guzmán. El escándalo fue… minúsculo.

Vendrían en cascada otros horrores. Su toma de posesión en un estadio semi-vacío, fotográficamente rellenado para que se viera más lleno que un clásico de fútbol. Posteriormente, estuvo a punto de desmayarse en un mitin, por lo que inmediatamente aparecieron unas fotos en Milenio Diario en donde la mostraban “haciendo” ejercicio, acostada con una pelota en las piernas. A partir de este incidente, un comentario fue lanzado al viento de que padecía anorexia, aunque nadie quiso hacer caso del hecho.

Siguiendo con su campaña, se apersonó en un expendio de quesadillas en Tres Marías. Con todo su séquito tuvo que sufrir el rechazo de los comensales que no la dejaron desayunar a gusto. Tuvo que salir, con el pedazo de quesadilla en la boca.

Antes de salir a “Tlazcala” (sic) como escribiera su ya ex coordinadora de propaganda, un “niño bien” panista se refirió a la tradicional población como: “pinche pueblo quesadillero”, mostrando con ello, toda su soberbia y el desprecio histórico del PAN por los trabajadores.

Para estar a tono con su enfática declaración de “vamos a fortalecer  el lavado del dinero” (esto es, volver “legal” el dinero que sale del narcotráfico, el cual es inexplicable en su origen), se decidió cambiarle el nombre al autobús en que hace campaña por tierra: de “Pinabus”, paso a ser “La Jefa”. ¿Hasta donde podría ser una oculta admiración por “La Reina del Pacífico”, Sandra Ávila Beltrán? ¿Hablará ello de la posible complicidad del PAN con el “Chapo” Guzmán?

Finalmente, el domingo 9 de abril en San Luis Potosí, y en Morelia (ciudad cristera por excelencia histórica y cuna del “Jefe” Abascal), jóvenes que se reclamaron panistas, pusieron faldas en algunas estatuas de los héroes históricos de la nación.

Más allá de anécdotas, errores y horrores, es claro que JVM no representa a los trabajadores de México y sí a la pequeña y gran burguesía, que con el proceso electoral quiere seguir justificando y legitimando un estado de opresión contra trabajadores, mujeres, disidencias sexuales y otros grupos marginados por esa institución burguesa. Las elecciones no resolverán los problemas, por eso, el llamado a votar con una leyenda que exprese la indignación que sentimos.