La derrota de la PFP en Cinco Señores
Francisco Retama

Pluma No. 5 - Invierno 2006

El 2 de noviembre fue un día de gloria para el pueblo de Oaxaca y la APPO, porque vivió la hazaña de derrotar a la Policía Federal Preventiva (PFP) en una de las batallas callejeras más largas y difíciles. Las imágenes dieron la vuelta al mundo con policías huyendo de tanquetas inservibles a fuerza de tanto piedrazo y botellazo. Otras fotografías mostraban a humillados pefepos cargando en vilo a sus colegas heridos y exhaustos luego de un combate largo y brutal.
Fueron jóvenes, muchos de ellos universitarios, los que dirigieron el enfrentamiento, aunque también llegaron jovencitas de los barrios y muchachos de mercados, talleres y de obras de construcción. Su arrojo y sacrificio hubiesen sido en vano si no fuese porque, durante las más de siete horas de batalla, llegaron a ayudarlos miles de pobladores de toda la capital y de sus alrededores…


Oaxaca, Oax.- El ambiente estaba saturado del humo de las bombas lacrimógenas… y de la rabia y la disposición a luchar de miles de mujeres y hombres, jóvenes y mayores. Así, entre nubes de gas lacrimógeno diluyéndose en el aire y en el humo de las barricadas incendiadas, saltando gustosos en las avenidas alfombradas de rocas, trozos de tabiques, palos, tubos y latas vacías del gas que lanzaron los policías, así festejamos nuestro triunfo. La batalla de la barricada en Cinco Señores la había ganado la APPO.

Los enfrentamientos se prolongaron por más de siete horas y abarcaron un área de un kilómetro de longitud. Fueron cuatro mil policías federales -según el diario local Noticias- y cuatro tanquetas las que participaron en el operativo que tenía como meta tomar Radio Universidad.

Aunque los jefes policíacos afirmaron que no buscaban ocupar la Ciudad Universitario no era su objetivo, lo era, apoderarse de la emisora universitaria, pero el multitudinario despliegue de policías indicaba otra cosa.

Pero miles de simpatizantes de la APPO se enfrentaron a la policía formada por militares con piedras, cohetones, resorteras, tubos, bombas molotov y con su propia presencia, así nomás.

Una y otra vez, los policías avanzaron y se replegaron ante la inagotable resistencia de la gente. A lo largo de un kilómetro del periférico oaxaqueño se dieron los enfren-tamientos; en cada bocacalle los policías se apostaron para intentar contener el avance de cada vez más gente que buscaba llegar a las inmediaciones de Ciudad Universitaria, para apoyar a quienes resistían heroicamente la toma de Radio Universidad.

La radio universitaria no era de ninguna manera, como pregonan los medios, el último reducto de movimiento popular oaxaqueño. Era, realmente, el polo de comunicación y organización de la resistencia. Durante el fallido intento de ocupación, los mensajes que desde la radio se emitían fueron escuchados por miles que se acercaron a ciudad universitaria y tomaron parte en los enfrentamientos, así como por cientos de personas que, solidarias, se acercaban a quienes hacían frente a los policías, y les regalaban refresco de cola y agua con vinagre para minar los efectos de los gases. Cuando las escaramuzas de los policías avanzaban hacia los manifestantes hubo muchas puertas que se abrieron para ofrecer refugio.

"¡Necesitamos botellas, muchas botellas compañeros y les pedimos que las traigan aquí, a Radio Universidad!"... "¡Para detener el avance de las tanquetas pongan tablas con clavos en las avenidas, compañeros, para que se ponchen sus llantas!"… "¡Llamamos al valiente pueblo oaxaqueño, para que venga a Ciudad Universitaria y nos ayude a defender esta radio, que es del pueblo!"…

Y los radioescuchas hacían eco de los llamados, lo mismo cuando el triunfo se había consumado y los policías habían sido expulsados:

"¡Pedimos a los vecinos que vengan a Cinco Señores con comida para los compañeros que han resistido heroicamente defendiendo la universidad!"

Y llegaron decenas de mujeres a pie y en camionetas con frutas, agua para beber y comida: arroz, tamales, frijoles, mole amarillito… comíamos mientras las mujeres ofrecían alegres los alimentos y gritaban sus consignas:

"¡De norte a sur/ de este a oeste/ ganaremos esta lucha/ cueste lo que cueste!"… "¡Vivan los universitarios que defendieron dignamente su casa, la Universidad!", se escuchó muchas veces luego del combate.