Pueblo insumiso, dirigentes oportunistas y corruptos
Manuel Gómez

Pluma No. 5 - Invierno 2006

Oaxaca se ha caracterizado, en las últimas cuatro décadas, por constantes movimientos sociales que han enfrentado las políticas y planes antipopulares y antidemocráticos de los gobiernos estatales y federales, y que han cuestionado el papel decadente de las instituciones oficiales. En el último tercio del siglo pasado, al menos tres gobernadores cayeron producto de las protestas de sectores populares.

Manuel Zárate Aquino fue derribado en marzo de 1977, no sin antes dejar regado de sangre los campos y ciudades del estado. En este movimiento los protagonistas fueron los estudiantes, el sindicalismo independiente y comunidades rurales, encabezados por direcciones pequeño burguesas. A la caída de Zárate, estos liderazgos fueron incapaces de mantener y consolidar esta victoria.

Inmediatamente después de este importante logro, los dirigentes de la Organización Netzahualcóyotl, del Grupo Nicolás Guillén, del Bufete Popular Universitario, del Partido Comunista Mexicano, los "Pingüinos" y la COCEI histórica, entraron en abierta disputa por el control de las escuelas universitarias y la "administración" de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO).
Su oportunismo y deseos de control sobre las escuelas los condujo hasta el asesinato. Como consecuencia, el gobierno estatal pudo rápidamente recuperar la UABJO, y desatar una brutal represión contra la Organización Netzahualcóyotl, considerada la facción violenta en este movimiento. En contraparte, las direcciones conciliadoras, todas las demás mencionadas, fueron generosamente recompensadas con puestos vitalicios en esa universidad. Pero, aunque algunas direcciones recibieron palo y otras zanahorias, de conjunto todas jugaron un papel oportunista, pues su principal interés fue el control de la institución y ninguna, en el poco más de un año que duró el conflicto, presentó un programa o propuestas para su democratización.

El movimiento magisterial, los grupos de interés y la COCEI
En 1980 inicia el movimiento democrático magisterial y en éste participaron diversas corrientes políticas que han degenerado en vulgares "grupos de interés", es decir, carecen de ideología política y se organizan sólo para pelear por una tajada del pastel de la sección sindical, la número 22. Algunos de éstos son los que hoy conforman el Consejo Central de Lucha (CCL), aliado del gobierno y apadrinado por Elba Esther Godillo, la líder charra del sindicato nacional de maestros. Este bloque de interés se integró con tres grupos: el Frente 1 de Mayo, cuyo antecedente se llamó Cuadernos Magisteriales, y mucho antes, Movimiento Revolucionario del Magisterio, corriente política estrechamente ligada al Partido Comunista de México en los años 60s y 70s. El principal dirigente de este grupo desde los 80s., Joel Vicente Cortés, actualmente expulsado, ahora es parte del Comité Ejecutivo Nacional que controla la "maestra" Gordillo.
Otro integrante del CCL es la Coordinadora Magisterial Oaxaqueña (COMAO), de filiación mao-estalinista. A ésta y el 1 de mayo se amarró Humberto Alcalá Betanzos, miembro prominente del PRD estatal que de manera emergente organizó, junto con Claudio Flores, el grupo "Colectivo por la Democracia".

Los otros grupos son PRAXIS-COCEI-PRD; la Coordinadora Democrática del Magisterio Oaxaqueño (CODEMO), grupo en el cual se formó Enrique Rueda Pacheco, el que, después de mantener por años una abierta simpatía hacia la guerrilla, en los dos últimos años se ha enrolado en el perredismo electorero.

El último de los grupos con incidencia en el proceso democrático del magisterio es la UTE-PC de M-FPR, corriente que ha sido parte de todo el proceso vivido desde 1980 en la Sección 22 del magisterio. Actualmente, junto a la CODEMO, han roto la alianza que sostuvieron con PRAXIS-Rueda Pacheco, apenas iniciado el movimiento en el mes de mayo, a raíz de las posturas entreguistas de éstos últimos.

Cuando las cámaras patronales lanzaron la propuesta de un paro empresarial, algunos miembros de la Coordinación lo consideraron un apoyo para el movimiento, y tramposamente pasaron el "acuerdo" de que la APPO apoyaba esta iniciativa. Quienes impulsaron esta política de confianza en la patronal fueron los representantes del FPR (Frente Popular Revolucionario).

Contrariamente a esta pifia oportunista, los representantes del pequeño y mediano comercio, se negaron a apoyar esta iniciativa de los grandes empresarios y se deslindarían de ellos a través de un desplegado aparecido en el periódico Noticias.

Todos estos grupos, a través de acuerdos de cúpula conocidos como "amarres", se han venido repartiendo el control del Comité Seccional. Mediante estas prácticas, que incluyen la corrupción de la mayoría de ellos, llevaron al movimiento magisterial a una profunda crisis política y organizativa.

Apenas en el 2003 se reconoce abiertamente que la Sección 22 vive, de acuerdo a una caracterización del Comité Ejecutivo Seccional, una "crisis estructural". Pero ya desde al año 2000, nuestro partido, el POS, había diagnosticado una profunda crisis: las direcciones de los "grupos de interés" se negaron a reconocerlo y, peor aún, a abrir el debate para encontrar alternativas de solución. El magisterio llegó a las grandes batallas del año 2006 cargando con esta situación interna adversa, causada por sus dirigentes.

Al igual que el movimiento estudiantil-popular del 76-77, el movimiento popular en Juchitán de principios de los 80s, que se levantó por la defensa del voto popular y democracia, encabezado por la COCEI (Coalición Obrera, Campesina y Estudiantil del Istmo), fue corrompido y fragmentado por su propia dirección. Hoy, sus diferentes caudillos sobreviven de la caridad de cualquier partido electorero y se arrodillan ante URO.

En 1980, la dirección de la COCEI degeneró al electoralismo sin principios y, cuando surgió el PRD, se integró a este partido.

Dirigentes que lucran
Los años 80s fueron de auge de las organizaciones sociales. Algunos llegaron a creer que no había necesidad de partidos revolucionarios, pues nomás había que ver la cantidad de gente que éstas movían para descalificar cualquier proyecto partidario de izquierda.

Para el gobierno fue una suerte el tener que tratar con las direcciones de estas organizaciones, pues en sus demandas se priorizaban los apoyos económicos para proyectos sociales y uno que otro melón para el santo del líder resolvía cualquier conflicto.

El gobierno de Heladio Ramírez, integró en su equipo de asesores políticos a Sócrates Campos Lemus y a un tal Cabeza de Vaca, ambos ex dirigentes del movimiento estudiantil del 68 en el DF. Mediante ellos, maiceó a todos los lucradores sociales que se acercaron a su reino.

El gobernador Diódoro Carrasco mantuvo la misma orientación. A éste le tocaría delinear la puesta en práctica del Plan Puebla Panamá en Oaxaca, e iniciaría la "guerra sucia" contra las organizaciones y comunidades que estorbaran esta orientación; así, instrumentó en 1996 las acciones "guerrilleras" en La Crucecita, e inmediatamente después la persecución, aprehensión, torturas y asesinatos de ciudadanos loxichas.

Por esos días era "normal" que el gobernador declarara a través de los medios que en Oaxaca no pasaba nada, que él se reunía habitualmente con las direcciones de las organizaciones sociales -algunas de las cuales hoy forman parte de la APPO- y que todo se resolvería por la vía del diálogo. Estos dirigentes ahora disponen de concesiones de taxis, de camionetas de servicio de transporte, de ranchos, residencias, diputaciones, una que otra senaduría y abultadas cuentas bancarias.

El "maiceo" y el palo
Los movimientos sociales y políticos, han mejorado la situación económica y social de algunos sectores, como es el caso del magisterio, pero estos avances son mínimos o nulos para la mayoría de la población, como es el caso de los campesinos, indígenas, mujeres, empleados de servicios y pequeños comerciantes.

Además, el desempleo es creciente y los salarios, miserables. En estas condiciones es natural la inconformidad de grandes capas de la población y son constantes los conflictos sociales y políticos. Para enfrentar esta situación, los gobiernos han utilizado con buenos resultados la política del "maiceo" y, cuando ésta falla, usan del garrote, pero en general se privilegia la negociación, de la cual han obtenido pingües beneficios las direcciones sociales, sindicales o políticas. Podemos afirmar que la gran mayoría de los movimientos sociales en Oaxaca, han sido controlados a partir de la concertacesión y la corrupción entre gobiernos y líderes oportunistas.

La mayoría de estos líderes, o dirigentes formados en esta escuela, condujeron el movimiento oaxaqueño de 2006. La pregunta ahora cae por su propio peso: ¿Era posible que en estas condiciones y con dirigentes como estos se lograra la victoria?