La Otra Campaña ante Oaxaca
Alejandro Hernández

Pluma No. 5 - Invierno 2006

Desafortunadamente, algunas organizaciones políticas y sociales no comprendieron la importancia de la lucha del pueblo oaxaqueño. Durante muchos meses el conflicto estuvo en cierta forma aislado y careció de apoyo del grueso de las organizaciones consideradas progresistas y democráticas.

Entre ellas, estuvieron muchas de las que forman parte de la Otra Campaña. Le restaron importancia y consideraron que la derrota de la policía el14 de junio en el centro de Oaxaca era un revés para el pueblo parecido al de San Salvador Ateneo, el 3 y 4 de Mayo. El Sub comandante Marcos hizo declaraciones favorables al movimiento de Oaxaca pocos días después de esta agresión. Después, el Sub ya no hablo más, ya no pidió que la gente de La Otra campaña apoyara activamente a los trabajadores de la educación y al pueblo oaxaqueño en general; la Otra campaña no fue orientada a participar en su conjunto, como organización nacional, en el movimiento popular-magisterial de ese estado del sur de México, lo que tuvo consecuencias.

En algunos casos, esa falta de orientación provocó que muchas de las organizaciones sociales, colectivos e individuos, que participaban en las manifestaciones de solidaridad, no tuvieran claridad de qué tanto podían intervenir como parte de ese movimiento organizado alrededor del proyecto conocido como al Otra Campaña.

También nos encontramos con otras organizaciones que ante esta falta de orientación, prefirieron no tener ningún tipo de intervención, ni solidarizarse de forma alguna. Fueron varias las reuniones estudiantiles en donde algunas voces, entre ellas las de nosotros, se levantaron para pedir que la Otra tuviera una participación mucho más activa en el conflicto; desafortunadamente esas voces no tuvieron mayor eco, hasta que la Policía Federal Preventiva (PFP) ingresó a Oaxaca a finales de octubre de 2006.

Ante la importancia del conflicto y la falta de orientación, fuimos varias organizaciones adherentes quienes lanzamos la propuesta de realizar el Tercera Asamblea Nacional de Adherentes en la Ciudad de Oaxaca. Esta propuesta tenía dos objetivos: dejar en claro que la Otra Campaña apoyaba a Oaxaca, llevando a todos sus integrantes al lugar del conflicto; y realizar una reunión nacional en donde se pudiera acordar un plan de acción nacional en su apoyo. Esta propuesta se realizó en el marco de la Primera reunión de Adherentes de la Ciudad de México y fue aceptada por la mayoría de los asistentes, pero no se pudo llevar a cabo porque a nivel nacional no se realizó la consulta.

Una vez que la PFP ocupó Oaxaca, fueron muchas y muchos adherentes los que se movilizaron para solidarizarse con el movimiento. Sin embargo, ante las convocatorias de la APPO para la realización de reuniones amplias de solidaridad y de coordinación, una buena parte de las organizaciones de la Otra que se encuentran en el Distrito Federal, se negaron a asistir con el argumento de que "nuevamente se insiste en tener una política de alianzas, cuando el punto no estaba suficientemente discutido por los adherentes".

Es importante aclarar, que nuestra insistencia de que la Otra Campaña participara activamente en el movimiento, era con el objetivo de fortalecer a la organización y al movimiento oaxaqueño; y ofrecer una opción distinta a los que realmente se estaban organizando abajo y a la izquierda.

La gente en Oaxaca no se movilizó con el objetivo de quitar a un gobierno burgués, para imponer a otro. La consigna de la caída de Ulises Ruiz es principalmente una demanda democrática en contra de la dictadura del PRI, que lleva más de 70 años gobernando el estado de una manera despótica. Hacer nuestra esa consigna, le hubiera dado al movimiento un carácter nacional y de firme apoyo al pueblo Oaxaqueño.

La otra razón, era precisamente que la Otra se mostrara como una opción de izquierda más allá de la retórica. Varios han sido los compañeros y compañeras que han viajado a Oaxaca y que han visto que en el movimiento hay muchos "amarillos", es decir, militantes o dirigentes del PRD, por lo que advierten que hay que reflexionar sobre qué tanto nos podemos involucrar. Éste es un mal argumento para no participar, porque debemos apoyar a un movimiento, independientemente de sus dirigentes. Además, este tipo de posiciones le hacen el juego a las direcciones oportunistas porque se les termina dejando el campo libre para que actúen, sin que las corrientes revolucionarias combatan contra ellas.

La alianza no se planteaba con un partido burgués y traidor, como es el PRD, sino con un organismo popular que estaba encabezando una de las luchas más importantes en nuestro país, y que en esos momentos requería de la más amplia solidaridad de todas las organizaciones, principalmente de la gente de la Otra Campaña.

Las fuerzas organizadas a nivel nacional en el proyecto de la Otra Campaña pudimos haber ayudado mucho a los compañeros oaxaqueños; además, ello nos hubiera fortalecido considerablemente.

Ahora que la represión se ha desatado intensamente en contra de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y que, inclusive, ha alcanzado a varias organizaciones y adherentes de la Otra, también se han multiplicado las iniciativas de solidaridad en torno de la lucha de resistencia del pueblo oaxaqueño y para lograr la libertad de los numerosos presos políticos.

Esa senda no debe abandonarse, pero junto con ello será crucial para el futuro de la construcción de una nueva alternativa política de izquierda, llevar a cabo un balance autocrítico de lo realizado ante la lucha de la APPO, para corregir los errores y profundizar los aciertos y preparar las nuevas batallas.