Si se habla de maquila... se habla de mujeres
Leda Silva

Pluma No. 4 - Otoño de 2006

Hablar de la maquila es hablar de la violación de los derechos humanos y de la súper ex-plotación del capital sobre los trabajadores y trabajadoras. En esta industria la mayor parte del personal es femenino, han sido muchas las mujeres que han tenido que sufrir las injusticias y el abatimiento a las que la somete a diario este trabajo. También han sido muchas las mujeres que han demostrado que pueden organizarse y resistir.

Precarización del trabajo femenino

La maquila es un proceso de ensamblado de partes de un producto industrial que favorece se impongan actividades demasiado específicas a los trabajadores y trabajadoras, lo que le permite a los gerentes y directivos ejercer sobre ellos un mayor control, ya que la concentración del personal en la fábrica se hace más fácil. También favorece extender la jornada laboral y establecer estándares de producción muy rígidos, lo que provoca que se realicen trabajos simples y devaluados que resultan en bajos salarios. La violación a los derechos laborales y la súper explotación son entonces inherentes a la maquila. Su objetivo es ahorrar el mayor dinero posible a los capitalistas, prin-cipalmente en mano de obra.

La industria maquiladora aprovecha que un sector de las mujeres proletarias no tiene más alternativa que contratarse en ocupaciones de bajos ingresos. Otras mujeres aceptan empleos de medio tiempo, de bajos ingresos y sin las prestaciones de ley, en el trabajo por cuenta propia, a domicilio y en actividades familiares no remuneradas. Estas actividades les sirven para completar el ingreso familiar derivado de la división sexual del trabajo.

Las desventajas laborales que viven las mujeres se deben a la opresión a la que históricamente han estado sometidas, que el propio capital aprovecha para súper explotarlas a través de la discriminación y segregación sexual (1) . Esto significa que para el sistema capitalista la mujer sigue teniendo como tarea principal el cuidado del hogar y de los hijos, que sus trabajos son más simples y sólo son complementos para la economía familiar; mientras que el hombre sigue siendo el principal proveedor de la familia, por lo que su trabajo debe ser "más valorado".

La instalación de las maquilas ha tendido hacia zonas rurales, en donde estos roles tradicionales aún están más arraigados.

A pesar de que en el mundo cada vez más mujeres se incorporan al mercado laboral -en la industria maquiladora en nuestro país el 54% de los obreros son mujeres (2) -, y que las políticas de flexibilización del trabajo llevan a la precarización del trabajo de hombres y mujeres, éstas son las más afectadas en términos de nivel de ingreso, acceso a seguridad social, horas trabajadas, formas de contratación, etc., lo que profundiza la desventaja social que históricamente les afecta. Los datos sobre la situación laboral comparada con la situación de los hombres expresan esta realidad (3) (ver tabla):

Condición
Hombres
Mujeres
No cuentan con prestaciones 16.6% 47.3%
Trabajan de 35 a 48 horas 36.7% 67.5%

Tienen puestos de mando o gerencia

84.3%

15.7%
Trabajan a destajo
25.6%
66.7%
Trabajan por contrato de tiempo u obra determinada 13.6% 17.1%
Sin contrato 8.5% 10.8%

Los gobernantes alardean sobre las medidas que dicen haber tomado para fomentar la equidad de género, citan acuerdos comerciales que establecen condiciones para que hombres y mujeres sean tratados por igual; sin embargo, esto es una ficción, ya que en una sociedad sexista, discriminadora y explotadora es imposible aplicar tal igualdad.

Por ejemplo, el impacto del TLCAN (Tratado de Libre Comercio para América del Norte) en la fuerza de trabajo no ha sido uniforme para hombres y mujeres. Como conse-cuencia de los cambios económicos y sociales, las mujeres se incorporan con mayor velocidad que los hombres a trabajos con remuneraciones más bajas, debido a que el libre comercio intensifica la competencia, por lo que muchas compañías exportadoras tratan de alcanzar mayor com-petitividad mediante trabajo barato y eficiente, que en la mayoría de los casos es realizado por mujeres. Las trabajadoras de la industria maquiladora perciben un salario menor que el de los hombres (4) .

También es común la discriminación por embarazo. En la gran mayoría de las maquilas los gerentes piden prueba de no gravidez a sus trabajadoras, para evitar pagar las incapacidades correspondientes, violentando así sus derechos constitucionales (5) . Es frecuente que los jefes de personal pidan a las obreras enseñar la toalla sanitaria manchada, como muestra de que no están embarazadas.

La práctica de la discriminación por embarazo tiene sus raíces en el interés económico de las empresas matrices porque sus costos de producción sigan siendo tan bajos como sea posible, aunado al interés del gobierno de atraer y mantener la inversión extranjera... sumado a la deses-peración de las mujeres por encontrar trabajo.

El gobierno prefiere no actuar ante denuncias de discriminación, no al menos de manera significativa. Tampoco las trabajadoras protestan por miedo a perder sus empleos. Las mujeres aceptan trabajar en la maquila como único medio para sobrevivir: el 54% de ellas se reconoce como principales proveedoras de sus familias (6) .

A todo esto se le suma el hostigamiento sexual que sufren muchas trabajadoras, quienes muchas veces ven como "normal" que se les acose en el trabajo. Históricamente a las mujeres se les ha educado en un rol social que conlleva características como la pasividad, la complacencia y la dependencia, lo que se traduce en inferioridad frente al rol masculino, el cual tradicionalmente detenta el poder de controlar, de decidir y de someter. Así, en la maquila estos roles se reproducen claramente y las trabajadoras sufren los maltratos de quienes ostentan este poder social y laboral, y que refugiándose en el puesto de supervisor/gerente/patrón, ejerce poder sobre las trabajadoras en lo económico, lo laboral y lo físico.

"No queda de otra, hay bocas que mantener"

Así responde una obrera de la maquiladora textil Spintex, instalada en Chiapas, perteneciente a Kamil Nacif, "el rey de la mezclilla", famoso por la explotación y degradación que viven sus trabajadores en Puebla y por agredir a la periodista Lidia Cacho, con ayuda del gobernador de esa entidad. La misma obrera habla sobre las condiciones de trabajo: "Los fines de semana trabajamos hasta 26 horas seguidas, ya que la cantidad de prendas depende del grado de dificultad, así que varía de 800, mil a mil 200 prendas diarias por módulo de producción, es decir, de 4 mil 800 a 7 mil 200 prendas por módulo a la semana. En cada módulo laboran más o menos 10 trabajadoras. Nuestros salarios varían de 600 a mil 200 pesos a la quincena, el promedio de trabajo es de 12:30 horas diarias, pero los viernes o los sábados cierran las puertas para que no escapemos. Ahí amanecemos hasta acabar con la tarea. Hasta alcanzar la meta de producción".

"Como trabajadoras no tenemos vida personal", dice una de las obreras de esta empresa.

Para que las trabajadoras alcancen el nivel de productividad, el jefe de producción amenaza y grita. La médica, por su parte, impide que las y los trabajadores acudan directamente al IMSS y consigan alguna incapacidad; las obreras tienen que pasar antes por su consultorio, afirmaron trabajadoras tzotziles de esta empresa (7) .

Las trabajadoras de estas maquiladoras son la primera generación de obreras fabriles indígenas en la región, una generación de trabajadores/as sin experiencia en la lucha proletaria o sindical, que surge en un contexto mundial donde la explotación capitalista no tiene freno.

La resistencia tiene rostro femenino

En la mente perversa del capitalista se piensa que al contratar a mujeres jóvenes, indígenas o campesinas -un gran grueso de las obreras en maquila tiene estas características- no tendrá mayores conflictos laborales, ya que supone que son dóciles, pasivas y fáciles de manipular.
Lo cierto es que han surgido movimientos de mujeres que se han organizado para defender sus derechos laborales elementales, algunos de esos movimientos han tenido éxito, y son la piedra en el zapato para los patrones, quienes ven con temor que ese ánimo desafiante, rebelde y combativo de las mujeres se extienda a otras fábricas. Aunque los patrones intentan amedrentar a estas trabajadoras, despidiéndolas o amenazándolas, no han podido evitar que se produzcan movimientos donde las mujeres son las principales protagonistas.

Las mujeres se han movilizado recurriendo a los métodos que la clase trabajadora ha utilizado tradi-cionalmente: huelgas, sabotajes a la producción, manifestaciones, paros, etc. Como ejemplo de esos mo-vimientos podemos referirnos al de 1974, en la empresa TOKO; o en 1978 y 1979 en la Acapulco Fashion; en ambos las mujeres no sólo tuvieron una amplia participación si no que además fueron las dirigentes. (8)

También ha habido movimientos en Puebla, como en Alcoa Fujikura, que en 2005 luchó por democratizar su sindicato, al sacar a la dirigente sindical charra, quien no defendía los derechos de sus compañeros y compañeras. En esta empresa las mujeres han jugado un papel preponderante (9). En ese mismo año, en la empresa maquiladora Sara Lee, ubicada en Coahuila, las trabajadoras lograron conformar un sindicato independiente. (10)

Contra la opresión y la explotación

La situación de las mujeres obreras en la maquila es totalmente desventajosa. Además, afuera del trabajo sufren la opresión de la cultura patriarcal y otro tipo de discriminaciones.

Dentro del programa socialista debemos reivindicar demandas que permitan a las mujeres mejorar sus condiciones laborales, pero que al mismo tiempo respondan a problemas de género, como por ejemplo: acabar con la discriminación en la con-tratación, garantizar el pago de la fuerza de trabajo femenina y eliminar el trabajo sin remuneración, promover la contratación colectiva con Seguro Social y demás prestaciones que establece la Ley Federal del Trabajo; garantizar salarios iguales por trabajos iguales entre mujeres y hombres, sancionar de manera efectiva el acoso y el hostigamiento sexual, luchar por jornadas laborales de 8 horas, pugnar por una mayor capacitación y promoción a puestos de mayor remuneración, contar con guarderías, incapacidades por embarazo y cuidados maternos; reconocimiento y re-glamentación del trabajo que realizan las trabajadoras domésticas. Igual-mente se requiere defender los derechos sindicales como la libre organización, promoción de escuelas de formación para las mujeres trabajadoras en horas de actividad, promover la participación sindical y política, pugnar porque asuman puestos de dirección en los sindicatos, entre otras reivindicaciones.

Pero no es suficiente que se luche por estas reivindicaciones, que son inmediatas o que sólo significan algunas mejorías en las condiciones laborales de estas trabajadoras; esto no será suficiente para acabar con la situación de explotación ni mucho menos se erradicará la opresión a la que están sujetas. Siempre que haya una sociedad en la que exista explotación existirá algún tipo de opresión que la clase dominante aprovechará para preservar su dominación.

La lucha de las mujeres trabajadoras de la maquila tiene que empalmarse forzosamente con la lucha en contra del capitalismo y por una sociedad justa, igualitaria y socialista, en la que el poder lo tenga la clase trabajadora, esto es, mujeres y hombres proletarios. La revolución que necesitan estas mujeres para acabar verdaderamente con las infamias que viven, pasa por la revolución socialista, así que las organizaciones socialistas tenemos la obligación de abrigar la lucha de estas mujeres y convencerlas de la necesidad de que se unan a la lucha que se propone acabar con este sistema de explotación y miseria.

Un país maquilador, no es un país en desarrollo

En México, la industria maquiladora se promueve oficialmente desde mediados de los años sesenta como una actividad industrial de excepción, que se localizaría en las zonas francas de la frontera norte, libre de impuestos, dado que su producción se destinaría al mercado externo y ayudaría a mantener la mano de obra que ya no emigraría a los Estados Unidos.

En los años ochenta, se anunciaba que se convertiría en la actividad productiva más dinámica de la economía nacional. El gobierno y las empresas presumían que sería el modelo que impulsaría el desarrollo social y económico. Ahora, después de 20 años nadie puede sostener esto, más bien la maquila ha resultado ser el modelo de la pérdida del nivel de vida, la desvalorización del empleo, sobre todo en las condiciones laborales y en los sueldos.

A partir de la aplicación del Tratado de Libre Comercio (TLC) en 1994, esta industria crece rápidamente. En el gobierno de Zedillo se establecieron cerca de mil maquiladoras, llegando a ocupar la cuarta parte de la fuerza de trabajo en el país (11). Para fines de 1995 comenzó el desplazamiento regional a zonas no fronterizas: la maquila se instaló desde Tijuana hasta Quintana Roo. En apariencia, esto era positivo ya que significaba el aumento de empleos. Por ejemplo, en Tijuana hay más de 800 maquiladoras, que emplean a más de 198 mil personas; la industria proporciona 45% de los trabajos permanentes de servicios para la industria maquiladora, de acuerdo a la Tijuana Economic Development Corporation. Pero atrás de estas cifras se esconde la fría realidad: si en México se extendió esta industria es por que cuenta con los salarios más bajos en el mundo, un trabajador mexicano gana menos que sus contrapartes en el sureste de Asia, El Salvador, Ecuador y Honduras. La maquila está muy alejada de ser el paraíso del empleo digno.

Paradójicamente, en los últimos años la industria maquiladora ha generado desempleo, debido a que hay otros países donde la mano de obra es aún más barata, lo que ocasiona que la competencia laboral aumente y que las condiciones de trabajo sean aún más desfavorables. Entre octubre del 2000 -en que se alcanza el nivel de ocupación más elevado en la maquila mexicana-, y febrero de 2002, se perdieron 278 mil 489 empleos, cifra equivalente a 20.8% de los trabajos (12) .

El costo de vida de los lugares donde hay maquila es más elevado: por ejemplo, en Tijuana, las rentas son 30% más altas y la comida cuesta 25% más. En la ciudad, 14.2% de la población no cuenta con luz y sólo 67.5% de las casas tienen agua entubada (13) .

 

Trabajo peligroso, violaciones de derechos constitucionales, líderes sindicales corruptos
En México las empresas maquiladoras, a diferencia de los países de origen de estas empresas, tienen ahorros que oscilan entre 60 y 70%, el mayor ahorro lo aporta lo barato de la mano de obra. (14)
Esto es parte de la política neoliberal, que en el terreno laboral ha puesto en boga el término de flexibilidad laboral, cuya esencia es la productividad y la competitividad de la economía, lo que se traduce en la reducción de los derechos laborales y los bajos salarios de los trabajadores.
Cotidianamente las maquilas violentan los derechos constitucionales de los trabajadoras/es; por ejemplo, el artículo 123 que estipula que "el trabajo es un derecho y un deber sociales. No es artículo de comercio, exige respeto para las libertades y dignidad de quien lo presta y debe efectuarse en condiciones que aseguren la vida, la salud y un nivel económico decoroso para el trabajador y su familia". Lejos de esto se conocen casos, como las de los trabajadores textiles de Puebla e Hidalgo, cuyas jornadas de trabajo superan las 10 horas diarias, con salarios de 250 a 900 pesos semanales.
La gran mayoría de los trabajadores no cuentan con seguridad social y practican trabajos insalubres. Este tipo de trabajo es peligroso, ya que la mayoría de las actividades son repetitivas, lo que ocasiona fatiga muscular; también es común el manejo de productos químicos, muchos de los cuales han sido prohibidos en los países de origen de las compañías, pero debido a que México tiene leyes laxas, las industrias mueven su producción peligrosa a este país. Es común ver a trabajadoras con alergias, cáncer y leucemia debido a la falta total de protección, afirma Julia Quiñónez, defensora de los derechos laborales de la mujer (15). Estas condiciones son más catastróficas en las maquilas, que son más bien talleres clandestinos y que se instalan de una comunidad a otra, dejando a su paso devastación ambiental y el desgaste de su población.
Los contratos colectivos de trabajo son inexistentes, en vez de ello existen los contratos de protección que permiten a las empresas eximirse de cualquier obligación con los trabajadores, generando la posibilidad de aplicar medidas como paros técnicos y la reducción de las jornadas -al igual que la reducción a los salarios- mientras recuperan sus ganancias. Aunado a esto, los trabajadores/as no cuentan con sindicatos que defiendan sus derechos, son muchas las empresas que no permiten la libre organización de su personal, y cuando lo han permitido es porque los sindicatos creados son fantasmas, es decir, que ni siquiera los obreros y obreras saben que existen. Estos sindicatos afiliados a la CROM o a la CTM actúan en total complicidad con la patronal, sin importarles lo que sucede con sus agremiados y agremiadas.

(1) Podemos definir a la opresión como el aprovechamiento de desigualdades para poner en desventaja y someter a un grupo social, con base en diferencias raciales, sexuales, nacionales o de otro tipo, que produce una situación de desigualdad de derechos, de discriminación social, cultural y eventualmente económica. En Una alternativa de clase para las mujeres, Petit, Mercedes, Buenos Aires, s/f.
( 2) Personal ocupado en la industria maquiladora de exportación según el tipo de ocupación, INEGI, junio de 2006.
(3) En la tabla se muestra el aumento porcentual en condiciones laborales en hombres como en mujeres en términos relativos, según datos de la Encuesta Nacional de Empleo del Instituto Nacional de Estadísticas, Geografía e Informática (INEGI) de 1993 al 2004.
(4) El impacto diferenciado del libre comercio en hombres y mujeres, Unidad de Equidad de Género, Secretaría de Economía, 2002.
(5) Artículos 4° y 123 Constitucionales.
(6) Unidad de Equidad de Género, Secretaría de Economía.
(7) Morquecho, Gaspar, Maquiladoras sobreexplotan a trabajadoras, 21/01/06.
(11) Expansión de la industria maquiladora en territorio mexicano, Comunicación e información de la mujer, octubre del 2000.
(12) INEGI, portal electrónico, marzo del 2002.
(13) Ibidem
(8) Consuelo Pequeño Rodríguez, Expresiones de resistencia entre trabajadoras de la industria maquiladora, Ponencia en el XXVIII Encuentro de la Red Nacional de Investigación Urbana de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
( 9) El Socialista, periódico del POS, ahora MAS, no. 304, año XXV, agosto de 2005.
(10) El Socialista, periódoco del POS, ahora MAS, no. 301, año XXV, segunda quincena de febrero de 2005.
(14) Las maquiladoras ahorran hasta 70% en el país, La Jornada, 17/02/06.
(15) La lucha de una mujer por la causa de las mujeres, Comité Fronterizo de Obreros, Confederación de Sindicatos, 14/11/05.