El zapatismo reivindicó los derechos de la mujer indígena
Alejandra Rivera

Pluma No. 4 - Otoño de 2006

"-Carmelina, voy a vender este lote de atrás de la casa, es que ya necesito dinero.
-¿Cómo? No puedes hacer esto, es el terreno más fértil, el mejor que tenemos.
- Ya no lo quiero, mejor venderlo, trae dinero y mañana hay fiesta.
-¿Y de que vamos a vivir, pues? ¿Dónde vamos a conseguir las verduras para comer? Por favor, José Luis no lo vendas. Es que también es muy importante para mis hijos tener ese terreno. Ellos cuando hayan crecido lo pueden cultivar, tenemos que pensar en ellos y su futuro. ¿Sabes?
-Cállate mujer, a tí que te importa, tú no entiendes nada de eso, de todas maneras yo soy el dueño del terreno y lo voy a vender, ya esta decidido."

"Así no se puede, así está mal. El artículo 19 de la Ley Revolucionaria de Mujeres del Ejército Zapatista dice: las mujeres tenemos dere-chos a tener, heredar y trabajar la tierra. Y agrega el artículo 20 de esta misma Ley: 'Las mujeres tenemos dere-cho a recibir créditos, a impulsar proyectos productivos'.

"En Chiapas actual-mente hay pocas mujeres que tienen tierras para traba-jarlas, sin importar que se traten de tierras ejidales, comunales o privadas. El mal gobierno durante muchos años se ha olvidado del derecho de las mujeres a la tierra […] Muchas veces cuando el marido se muere o se va, la tierra pasa a manos del hijo mayor o del hijo menor […] De esta manera las hijas y las madres se quedan sin ninguna seguridad para su supervivencia.

"Esto está mal, no debe ser así. Las mujeres trabajan igual que los hombres […] Muchas veces cuando las mujeres trabajan la tierra aumenta la producción. Las mujeres tienen derecho a ser ejidatarias y a recibir tierras comunales. Las mujeres deben ser tomadas en cuenta a la hora de repartir las tierras por herencia […] En una pareja la tierra debe ser de ambos, marido y mujer[…].

"Ahora con las juntas de Buen Gobierno y los Municipios Autónomos Rebeldes vamos a aplicar la Ley Revolucionaria de Mujeres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Vamos a defender el derecho de las mujeres a la tierra. Todos juntos ayudaremos a que la tierra sea repartida de manera justa. " (1)

La ley revolucionaria de mujeres

Así reza uno de los programas de Radio Insurgente, que para promover los derechos de la mujer, consignados en la Ley Revolucionaria de Mujeres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, se transmite en las comunidades zapatistas.

Esta ley es producto de años de lucha de las mujeres zapatistas. No ha sido fácil, pues además de combatir la discriminación recibida por ser indígenas y pobres, también han debido enfrentar algunos de los usos y costumbres de las comunidades que afectan a las mujeres. Han sido años de vivir en silencio sus sufrimientos. En silencio tienen que desarrollar una serie de responsabilidades como criar a los hijos, preparar alimentos, recolectar leña, acarrear agua, cuidar animales, lavar la ropa, atender al esposo, aceptar al marido que sus padres eligieron en contra de su voluntad, por ejemplo.

El grito de "¡Ya basta!" que el EZLN lanzó en 1994, fue antecedido, un año antes, por el de las mujeres al interior de las comunidades. El subcomandante Marcos da cuenta del impacto de este levantamiento femenino entre la base zapatista que se dio el 8 de marzo de 1993, cuando se promulgó la primera Ley Revolucionaria de Mujeres. Es una ley de 10 artículos que plantea el derecho a la participación política y a los cargos dentro de la comunidad; establece el derecho al trabajo, la educación y a la salud; y el derecho a decidir la pareja para el matrimonio.

Destacada participación militar

En el inicio del movimiento zapatista, cuando éste comenzaba a integrar a las comunidades, sólo participaban dos mujeres indígenas. Para 1994, el 30 por ciento de las filas del ejército las conformaban mujeres. Las indígenas comenzaron a ver las enormes ventajas que ofrecía la vida miliciana, y a ver en ésta una vía para escapar al destino que las obligaba la tradición comunitaria: casarse y parir hijos, ver morir a algunos de ellos y trabajar de sol a sol sin recibir ningún reconocimiento.

Poco a poco las mujeres fueron engrosando las filas combatientes, hasta alcanzar grados de dirección. Algunas de ellas dirigieron a las tropas zapatistas en las acciones militares del 1º de enero de 1994.

Ana María, Ramona, Elena, Irma, Laura, Elisa; son sólo algunos nombres de mujeres que tuvieron un papel destacado en aquella mañana fría de 1994, como comba-tientes, como dirigentes, como partícipes de un gran movimiento que surgía a la luz pública.

En una entrevista a la Comandante Ramona y a la Mayor Ana María (quien dirigió la toma de San Cristóbal el 1º de enero de 1994), realizada por Matilde Pérez U. y Laura Castellanos (Doble Jornada, 7 de marzo de 1994), la Mayor relata la participación femenina en los enfrentamientos de Rancho Nuevo y Ocosingo, donde liberaron a los presos: "…quienes entraron a abrir las puertas para liberar a los presos fueron mujeres. Un preso ha platicado que vio entrar a un grupo de mujeres con aretes y se hizo muy raro que las combatientes estuvieran con aretes, collares y atacando..."

La participación de la mujer en la organización zapatista no se limita a lo estrictamente militar, como la misma Ana María relata: "…son muchas las cosas que se hacen en las comunidades. Desde que empezó a desarrollarse este trabajo [del EZLN], fue muy importante la participación de las mujeres en la seguridad […] Tenemos una red de comunicaciones, entonces el trabajo de las mujeres es estar checando la seguridad […] y fueron las jóvenes quienes salieron a pelear […] el trabajo de las mujeres de los pueblos es organizarse para hacer trabajos colectivos".

En este proceso la Comandanta Ramona, que falleció a principios de 2006, fue una de las principales protagonistas. Ella relata como el EZLN revolucionó su vida: "El hecho de que la mujer se arme es muy importante, de-muestra que todos estamos por lo mismo y las muje-res llegaron a entender también su situación y a querer cambiarla, aunque muchas no directamente en la lucha armada, pero sí con la disposición a participar en sus comunidades."
A su vez, la Mayor Ana María, añade: "A Ramona le costó mucho trabajo que dentro de su comunidad se le reconociera y obtuviera un cargo […] Los hombres no están acostumbrados a ver que las mujeres participen en la vida pública. Pero Ramona, por su trabajo organizando y defendiendo los derechos de las mujeres artesanas, fue nombrada miembro del Comité Clandestino Revolucionario." ( 2) Cargo que ocupó hasta el día de su muerte.

Lucha entre clases

Las zapatista están convencidas que no es una lucha entre hombres y mujeres sino entre clases, entre ricos y pobres. Por eso la Mayor Ana María declara: "Luchamos por las mismas causas que los hombres, es la lucha de todos, pero entre las demandas del EZLN hay un apartado de las mujeres que antes no existía…"

Poco a poco han ido haciendo realidad sus demandas. Las niñas pueden ir a la escuela, las mujeres cuentan con la Ley Revolucionara de Mujeres que, de estar conformada originalmente por 10 artículos que abordaban los derechos más elementales, ahora contiene 31 artículos.

Enfatizar el proceso de lucha que antecedió al surgimiento de la ley de las mujeres es importante, ya que nos permite evidenciar las posturas de los políticos pequeño burgueses ante las problemáticas femeninas; estos politiquillos suelen promulgar leyes de "protección" para las mujeres, o generar "políticas" que las "ayuden" a alcanzar mejores condiciones de vida. El error de aquellos grupos feministas que confían en la democracia burguesa, es creer que los cambios se pueden generar sin una transformación profunda que implique el cambio en las instituciones y en el sistema de producción, y por lo tanto, en las relaciones de opresión y explotación, que a su vez se reproducen en la vida privada.

Cambio en las comunidades

La ley de las mujeres, al contrario de las leyes burguesas de "protección" -término por si mismo ofensivo- , basa su éxito en un cambio profundo en las relaciones cotidianas al interior de las comunidades, que pasa por la toma de conciencia de hombres y mujeres que decidieron apoyar la lucha por transformar al sistema. El avance en la conciencia alcanzó a las mujeres zapatistas, quienes vislumbraron la necesidad de terminar con la opresión que vivían como condición necesaria para el buen curso de la lucha zapatista. Este cambio, que primero tocó a las mujeres, cuestiona de manera tajante el concepto que los varones tenían sobre ellas, obligándolos en los hechos a modificar conductas de opresión que venían ejerciendo desde hace siglos sobre sus, ahora, compañeras. Un ejemplo de este cambio se refleja en el hecho de que hayan aceptado subordinarse a las órdenes de comandantas, que ganaron este título a base de trabajo militar y político.

Es así que la ley refleja un proceso político y organizativo de las mujeres al interior de las comunidades y del propio ejército y es sólo una pequeña parte de un largo proceso de cambio comunitario que pasa por la modificación de las relaciones entre hombres y mujeres, y por cuestionar el orden patriarcal de las comunidades.

Las zapatistas, sin reivindicarse feministas, y sin escudarse en discursos teóricos, lograron en los hechos revolucionar la vida de las comunidades indígenas y modificar la estructura del ejército zapatista, obligando a los mandos a reconocer la importancia de su lucha, y más importante aún, a hacer valer la Ley Zapatista de las Mujeres en los hechos.

Sirva este artículo como un reconocimiento a la lucha de aquellas mujeres indígenas que decidieron iniciar un cambio pospuesto durante siglos.

(1) La trascripción es de la autora
(2) Mujeres: la lucha dentro de la lucha, Guiomar Rovira Sancho. Las Alzadas. Millán M. (1996) Las zapatistas a fin de milenio. Hacia políticas de autorepresentación de las mujeres indígenas. En Esoresate N. (Ed.) Chiapas 3., México: Instituto de investigaciones Económicas/UNAM y ediciones ERA.