Pluma No. 10, primavera de 2008

 

Colombia

Entre un narco-gobierno y la
decadencia política y moral de las FARC

Angélica García

Escribir sobre Colombia se vuelve complejo. En este país del cono sur latinoamericano se ha desarrollado una serie de fenómenos que se entretejen en un entramado que, a primera vista, se antoja indescifrable.

Las condiciones de pobreza en las que han tenido que vivir los campesinos, la violencia desatada en contra de los sectores de la sociedad que deciden movilizarse contra el gobierno, más la dosis que aporta el narcotráfico, contrastan con la bonanza de los empresarios colombianos, y por supuesto, con la buena salud de la que gozan los narcotraficantes. Todas estas condiciones han sido el caldo de cultivo para el surgimiento de importantes movilizaciones obreras, pero también para el surgimiento de uno de los grupos guerrilleros más antiguo de América Latina, las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).

Este panorama se ha complicado con los últimos acontecimientos, empezando con la liberación de rehenes en manos del grupo insurgente, y más recientemente con el artero ataque en contra de un campamento de las FARC a manos del ejército colombiano en territorio ecuatoriano, en el que perdieron la vida 22 personas, entre ellas cuatro estudiantes mexicanos. El ataque es condenable, pues no se dio en combate, es un asesinato ya que los rebeldes se encontraban durmiendo. Es condenable, porque el presidente colombiano Álvaro Uribe, con la mano en la cintura, ordena a sus trompas irrumpir en el territorio de otro país. Es condenable la respuesta de los organismos internacionales que “tomaron cartas en el asunto.”

Uribe es un asesino, ese es un hecho irrefutable, sin embargo esto no significa que nosotros el POS, demos apoyo incondicional a las FARC. Este hecho nos obliga a la reflexión y al análisis, para tener un panorama completo de lo que sucede en Colombia. Es así que nos vemos en la necesidad de hacer una revisión de la historia política reciente de ese país, y por supuesto, a revisar lo que la tradición troskista, es decir, revolucionaria, ha planteado a este respecto.

El troskismo y las FARC


En los años 70 la Revista de América, de la que Nahuel Moreno fue director, dedicó varios textos a la situación en este país. En abril de 1975, esta publicación hacía un análisis de la situación de la lucha de clases, arrojando elementos que permitieran explicar el por qué, en un país en el que se desarrollaban importantes luchas populares, el ascenso de masas se veía frenado. En ese año, la clase obrera se encontraba dividida en diferentes centrales sindicales sin poder llegar a un punto que unificara las luchas para dar, así, una respuesta contundente al gobierno colombiano (1).

El análisis señalaba dos factores que explicaban este fenómeno: el primero, el éxito de las políticas burguesas dirigidas a apoyar y financiar la división de las organizaciones obreras; el segundo, el papel jugado por el estalinismo (recordemos que en ese entonces las FARC eran el brazo armado del Partido Comunista y este partido tenía una gran influencia), que en lugar de llamar a la unidad de las masas, organizaba una central obrera propia, reconocida por el Estado y que ellos mismos reivindicaban como “la central aglutinante del movimiento obrero”(2).

Este último factor arroja luz para entender el actuar de las FARC, y explica, junto con la política de represión del Estado, por qué el movimiento obrero no logró consolidar en Colombia una fuerza mayor.

En el caso de Colombia, el surgimiento de la guerrilla como método de defensa, plenamente justificado, puede entenderse por las difíciles condiciones de vida que enfrentan los campesinos. Moreno(3) señala que los métodos de lucha de las masas se modificaron después de la Revolución de octubre de 1917 en Rusia, debido a que el sistema capitalista modificó la manera en la que enfrenta a sus enemigos; surgieron los gobiernos fascistas y nazis que utilizan métodos violentos y la guerra civil para acallar el movimiento de masas, y esto explica el que por qué los campesinos recurran al método de la guerrilla para defenderse de las bandas para policiales y para militares. Esta guerrilla, surgida de las tradiciones campesinas, puede ser un punto de apoyo y un aliado del movimiento obrero.

El origen de las FARC-EP

Las FARC comienzan a actuar el 27 de mayo de 1964 cuando da inicio la operación Marquetalia 10 y el 5 de mayo de 1966 se anuncia que son el brazo armado del Partido Comunista.

Aunque este es el inicio de las FARC como grupo armado, se hace necesario considerar que Colombia tiene una turbulenta historia política que se remonta a 1948, cuando es asesinado José Eliécer Gaitán, líder del partido liberal, lo que desencadenó una importante movilización por parte de los trabajadores, que se frenó cuando dicho partido pactó con los conservadores un gobierno conjunto(4).

En 1950 se establece una dictadura encabezada por Laureano Gómez, quien desató una brutal represión; como respuesta, el pueblo se levantó en armas, dando inicio a una guerra civil que se prolongaría a lo largo de 10 años, y que tuvo como principal escenario el campo. Los campesinos colombianos han sido de los sectores más afectados desde la década de los 30 del siglo pasado, ya que en esa fecha sus tierras les han sido arrebatadas por terratenientes. Es así que deciden organizarse en una resistencia guerrillera que comienza a controlar territorios a los que declaran repúblicas independientes(5).

El 27 de mayo de 1964, el gobierno echa a andar la operación Marquetalia, contra las zonas “liberadas”. El ataque gubernamental no logra acabar con los grupos insurrectos; al contrario, las FARC comienzan a expandirse a otros territorios.

En 1984 se establece una tregua con el gobierno de Belisario Betancourt y las FARC lanzan el movimiento Unión Patriótica, con el que participan en procesos electorales, logrando elegir alcaldes, diputados y concejales. En respuesta a este éxito en las urnas, el gobierno colombiano desata la represión en contra de la Unión. Jaime Pardo Leal, su candidato a la presidencia, es asesinado, al igual que 4,000 dirigentes más(6).

En septiembre de 1987 varios grupos guerrilleros, como las FARC y el M-19, conformaron la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, que buscaba articular tanto acciones armadas como negociaciones de paz. A la par de las negociaciones, el gobierno desató una política de represión y ataque sistemático contra los guerrilleros. El gobierno inició, también en esta época, la tradición del asesinato individual como táctica para acallar a sus opositores, no sólo contra aquellos ligados a la guerrilla, sino también contra dirigentes obreros, activistas sindicales y populares(7).

Actualmente las FARC se encuentran conformadas por alrededor de 17 mil 500 combatientes, de los cuales entre el 20-30% son menores de 18 años, algunos reclutados forzosamente, de acuerdo a información de organizaciones de derechos humanos internacionales(8).

Para algunos analistas, las FARC obtienen recursos por los impuestos que cobran en los territorios que controlan(9). Así mismo, actualmente este grupo se encuentra desprestigiado en zonas urbanas y entre un porcentaje importante de la clase trabajadora colombiana, ya que han recurrido al método del secuestro, no sólo para poder negociar con el gobierno la liberación de guerrilleros, como es el caso del sonado secuestro de la candidata presidencial Ingrid Betancourt y de Clara Rojas, sino también como una fuente para hacerse de recursos económicos. En otras palabras, han secuestrado a muchas personas que no tienen nada que ver con la lucha política, pero que son susceptibles de pagar para quedar en libertad.

Al parecer, hoy las FARC están en declive. De acuerdo con informes periodísticos, el asesinato de su líder Raúl Reyes revela que una parte importante de la dirigencia de esta organización se ha visto obligada a plegarse hacia las fronteras con Venezuela y Ecuador. Estos mismos informes señalan que las FARC han perdido en cinco años 8,000 efectivos, 20 frentes y territorios clave10.

Esta declinación se atribuye, entre otras cosas, a la política de Seguridad Democrática de Uribe, que consistió en lanzar a 18,000 combatientes a la selva para poner en marcha el Plan Patriota, con el objetivo de recuperar el control de territorios como Putumayo y Cauca. Esta operación logró replegar a los rebeldes, pero el precio pagado por los soldados colombianos fue alto, ya que las tropas se vieron diezmadas por las difíciles condiciones climáticas. Aun así, Uribe decidió lanzar el Plan Consolidación, la misma estrategia pero con un número mayor de efectivos. De los 200,000 hombres movilizados en 20002, en 2007 ya habían aumentado a 380,000 (11).

Hay que recordar que, aunque las FARC se encuentran desprestigiadas, lo cierto es que un sector importante del campesinado aún ve una luz de esperanza en ellas, debido a que del gobierno históricamente sólo han recibido abusos, represión y muerte. Los operativos de Uribe, si bien han mermado a la guerrilla, también impactan directamente en el campesinado colombiano, quien nuevamente queda en medio de esta guerra.

Sangre y fuego: los grupos paramilitares y el Estado colombiano

Hay quienes culpan a las guerrillas de ser el origen de la violencia en Colombia, sin embargo, han sido los gobiernos los que han amparado, alentado y tolerado expresiones de violencia y descomposición como el narcotráfico. Uno de los aspectos más graves ha sido la conformación de los llamados “grupos de autodefensa”, que son paramilitares ligados al poder de terratenientes y narcotraficantes, y que han sido tolerados por los gobiernos colombianos, especialmente por el del actual presidente, Álvaro Uribe.

En abril de 1997 aparecen las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que agrupa a diversos grupos paramilitares. Son grupos de extrema derecha que protegen a terratenientes y narcotraficantes.  Estos grupos tienen su origen en escuadrones de la muerte surgidos entre 1970 y 1980, caracterizados por su violencia y por la constante violación a los derechos humanos más elementales. Diversos organismos de derechos humanos han denunciado el macabro vínculo entre estos grupos y las fuerzas armadas gubernamentales, quienes los toleran y les brindan protección (12).

Las AVC han acumulado un considerable poder económico como resultado del negocio de la droga se han apropiado de considerables extensiones de territorio a costa de desplazar y exterminar a la población rural. De acuerdo con un reporte de la organización Human Rights Watch, hasta 2005 este tipo de grupos sumaba algo así como 23,000 efectivos. Su creciente poder económico y militar ha llegado a permear la esfera política, ya que controlan e imponen a gobernantes en los territorios bajo su influencia.

La historia de sangre y fuego de estos grupos alcanzó durante los 80 niveles inverosímiles. Revisar la historia de estos grupos resulta una experiencia espeluznante, pues han hecho matanzas de poblaciones enteras, recurriendo a actos de violencia para los que resulta difícil encontrar un adjetivo. La clase obrera ha sido también un blanco recurrente para estos grupos, especialmente aquellos sectores que han osado organizarse en sindicatos. Ataques que resultaban en verdaderas matanzas aquejaron a organizaciones políticas de izquierda; el sindicato de Trabajadores de Indupalma perdió a ocho trabajadores en 1988; tres dirigentes fueron asesinados en las oficinas del Sindicato de Trabajadores de las Empresas Públicas de Medellín en ese mismo año (13).

El caso de SINALTRAIL, sindicato que representa las y los trabajadores de la poderosa empresa Coca Cola y de la transnacional Nestlé, es alarmante. El 22 de julio de 1986 fue asesinado Héctor Daniel Useche, dirigente de este sindicato. Hasta 1998, habían sido asesinados 14 dirigentes, 48 fueron desplazados, dos decidieron exiliarse y otros dos fueron desaparecidos. Esto sin contar las detenciones y la represión que han sufrido por parte de la empresa a través de grupos de “seguridad privada” que actúan con toda impunidad en las movilizaciones de esta organización sindical. Es así que SINALTRAIL, de contar con 5 mil 400 afiliados en la década de los 80, diez años después contaba entre sus filas con tan sólo 2 mil.

La pregunta es, ¿cómo se ha justificado toda esta violencia? Los gobiernos han recurrido al pretexto de la “democracia” y al argumento de que necesitan “combatir a la guerrilla y al narcotráfico”. Han buscado legitimar su imagen ante la opinión pública internacional permitiendo mecanismos democráticos como las elecciones o las consultas populares. La democracia burguesa impuesta por los gobiernos colombianos es la cara pública; la otra, son los grupos de paramilitares que eliminan cualquier oposición.

En 2002, al amparo del presidente Uribe, los paramilitares decretaron unilateralmente un cese al fuego. ¿Qué los motivo a ello? Human Rights Watch dice que de esta manera podrían detener procesos de extradición en su contra hacia los Estados Unidos, o bien negociar condenas mínimas para sus crímenes. Además, al desmovilizarse encontrarían un mecanismo efectivo para que los dirigentes de las AUC legalizaran sus inmensas fortunas. El “proceso de paz” de Uribe les permite conservarlas.

Sin embargo, el cese al fuego sólo lo es en teoría. Organizaciones sociales colombianas han denunciado, entre 2002 y 2004, un mil 899 víctimas de secuestro, desaparición forzosa o asesinato.

Desde 2004 el gobierno colombiano ha celebrado la desmovilización de estos grupos. Miles de paramilitares han entregado sus armas, aquellos a los que se les han comprobado “atrocidades” permanecen en observación, los demás vuelven a sus comunidades. Se trata de la impunidad encubierta, porque estos asesinos continúan actuando sin frenos, controlando barrios y comunidades y cobrando impuestos por protección (14).

La hermandad entre Álvaro Uribe y los grupos paramilitares tiene historia. Cuando era alcalde de la ciudad de Medellín promovió la formación de un grupo llamado Comités de Vigilancia Rural (CONVIVIR), que era un grupo de vigilancia, fuertemente armado y entrenado por el gobierno. Estas “brigadas de vigilancia” servían como tapadera para campos de entrenamiento sancionados por el gobierno, denunciados por Amnistía Internacional como semilleros de grupos paramilitares apoyados por el narcotráfico (15). Durante la década de los 90, Uribe envió a los sicarios de CONVIVIR a diferentes departamentos de Colombia, con lo que se inició una serie de matanzas perpetradas contra civiles (que quedaron impunes). Aunque las cortes colombianas ordenaron el desarme de este grupo, tan sólo se logró que entregaran una ínfima parte de su armamento y procedieron a unirse a las filas de las AUC, lideradas por Carlos Castaño, sangriento narcotraficante. Las AUC, por cierto, respaldaron la campaña a la presidencia de Uribe (16).

A modo de reflexión final


Las causas que han dado origen a grupos guerrilleros como las FARC son muy semejantes en toda nuestra América Latina; el hambre, la falta de oportunidades, así como la violencia sistemática desatada por gobiernos como el de Uribe, causan que excelentes miembros de la clase obrera, dirigentes estudiantiles o campesinos, ante la desesperación recurran a la guerrilla creyendo que de esta manera acelerarán un proceso que, históricamente está demostrado, tan sólo la movilización permanente del proletariado logrará llevar a buen puerto.

Los gobiernos de colaboración de clases nunca podrán solucionar las causas que han orillado a miles de latinoamericanos a tomar el camino de las armas, ya que éstos, a pesar de sus discursos democráticos e izquierdistas, se encuentran mucho más cercanos a la burguesía que al proletariado, y serán los intereses de la primera los que defenderán a capa y espada.

Sólo un gobierno del pueblo trabajador y del campesinado, podrá acabar con la opresión de tajo, y sólo impulsando la movilización permanente de las masas junto con la construcción de un partido revolucionario, es que lograremos acabar con gobiernos asesinos como el de Álvaro Uribe.

 

Fuentes
1.Otto A. (1975) Una necesidad imperiosa. En Revista de América (2). Argentina.
2. Ibid.
3. Moreno N. (1980) Actualización del programa de transición. Consultado el 2 de abril de 2008 en: http://marxists.anu.edu.au/espanol/moreno/actual/index.htm
4. O’Donell M. (2008) La historia de las FARC. Consultado el 21 de marzo de 2008 en: http://www.perfil.com/contenidos/2008/01/13/noticia_0010.html.
5. Lamas M. (2008) ¿Qué son las FARC?. En: Correspondencia Internacional (25). Buenos Aires: UIT-CI.
6. Ibid.
7. Lamas M.( Op. cit)
8. O’Donell M. (Op. cit.)
9. O’Donell M. (Op. cit.)
10. Pérez L. (2008) Apuntes para un estudio de las guerrillas en México. Consultado el 10 de marzo de 2008 en http://www.izquierda.info/modules.php?name=News&file=article&sid=2449
11. FARC están debilitadas. En Revista Cambio (275). Consultado el 10 de marzo de 2008 en http://www.cambio.com.co/portadacambio/765/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-3981804.html
12 Ibid.
13. Human Right Watch. (2005) Colombia: Librando a los paramilitares de su responsabilidad. Consultado el 25 de marzo de 2008 en http://www.hrw.org/spanish/inf_anual/2005/colombia.html
14. Herrera L. (Op. cit.)
15. Ibid.
16. Giordano (2002) La subida de Uribe desde Medellín: el precursor del narco estado. Consultado el 20 de marzo de 2008 en www.narconews.com
17. Steinsleger J. (2006) ¿Quién es Álvaro Uribe Vélez?. Consultado el 25 de marzo de 2008 en http://www.rebelion.org/plancolombia/uribe100402.htm

-----------------------------------------------------------------------------------------------------

Cuando la guerrilla es elevada a estrategia

Los problemas vienen cuando se pretende convertir a la guerrilla en la estrategia (la única forma de lucha) de las masas en lucha y es dirigida por corrientes no revolucionarias. Acerca de la guerrilla, Nahuel Moreno señala en Tesis sobre el guerrillerismo, que la guerrilla tiene un carácter pequeño burgués. Esta característica es la que no le permite elevarse hacia la revolución socialista. La guerrilla puede jugar un papel progresista cuando se trata de enfrentar a regímenes totalitarios, pero tras la derrota de estos tiende a hacer alianza, bien con la burguesía para establecer gobiernos de colaboración de clases, bien con el estalinismo, como sucedió en Cuba con la revolución que inauguró la era del castrismo. La estrategia del troskismo, por lo tanto, es muy diferente a la de la guerrilla, las organizaciones troskistas buscan también derribar a este tipo de gobiernos autoritarios, pero no para imponer a otro gobierno burgués en el poder, sino para llevar a la clase obrera y al campesinado al poder ( 1).

Para Nahuel Moreno, el carácter de clase de los grupos guerrilleros los hace susceptibles de acercarse a las direcciones estalinistas, bajo las cuales muchos grupos en la América Latina del siglo pasado, llevaron al fracaso procesos revolucionarios de gran envergadura, al conformar gobiernos de colaboración de clases, o de plano, cediéndole el poder a la misma burguesía. Estos fueron los casos de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, en los años 70 u 80del siglo pasado.

Por otra parte, los grupos guerrilleros no se proponen organizar a la clase obrera, sino que llaman a todos aquellos que estén de acuerdo en unírseles, sin que les interese que ello pueda conducir a la desorganización de los trabajadores.

Esta guerrilla es una enemiga natural del movimiento obrero, ya que suele ganar a valiosos dirigentes de la clase obrera, quienes abandonan sus actividades de organización de su clase al unirse físicamente a estos grupos armados, o bien al tener que llevar una vida clandestina para poder realizar las actividades que requieren este tipo de organizaciones. La guerrilla también desmoviliza a la clase trabajadora y al movimiento de clases; oscila entre el proletariado y la burguesía, pasando fácilmente de periodos de combate encarnizado contra el régimen, a treguas que el autor califica como infames.

Sin embargo, la organización guerrillera como enemiga de la movilización permanente de las masas, alcanza un punto culminante cuando sus acciones desatan o sirven de excusa para desatar violentas represiones y hasta golpes de Estado, con lo que desaparecen las libertadas democráticas que el movimiento de masas ha logrado conquistar2. Éste fue el caso de Argentina en 1976, que terminó en una sangrienta dictadura militar que golpeó brutalmente a una de las clases trabajadoras más organizadas del mundo. 

En el caso de Colombia, el gobierno ha utilizado el pretexto del combate a la insurgencia para aplastar al movimiento obrero y al movimiento de masas por medio de las matanzas, las desapariciones forzosas y el asesinato individual. De esta manera, las FARC, indirectamente, han permitido que el gobierno acabe con la organización de la clase obrera, única protagonista posible de una revolución socialista, y al mismo tiempo, ha golpeado a los aliados naturales del proletariado en una revolución, el campesinado3.

Así mismo, la actuación de las FARC ha ofrecido un pretexto para el surgimiento y la actuación de las bandas de paramilitares en contra de los campesinos y los sectores populares y sindicales bajo influencia de la guerrilla, quienes han sufrido constantes ataques por parte de estos criminales4.

En la revista Correo Internacional de septiembre de 1988, en un amplio artículo dedicado a la situación de Colombia, se destaca que programática, metodológica y políticamente las FARC descartan a la clase obrera y a las masas urbanas como factor decisivo para la revolución, ya que consideran que la guerrilla puede reemplazar la insurrección del proletariado. Se caracteriza a las FARC como cooperativa armada ya que, en los orígenes de este grupo, sus demandas se limitaban al reparto de tierras y créditos, afirmando que si el gobierno hubiera solucionado estos aspectos, el conflicto no se hubiese escalado. En tiempos de paz, las FARC cultivan la tierra, y de la venta de los productos obtenidos obtienen recursos para subsistir, además de los recursos obtenidos de secuestros5.

Desde los años 80 las FARC abandonaron el programa de reforma agraria de 1964 que planteaba la expropiación de los terratenientes. Ahora se conforman con cobrarle impuestos a los latifundistas6.

Las FARC, siguiendo a sus ideólogos estalinistas, hablan del socialismo como el objetivo de la lucha armada, sin embargo, en los hechos buscan una salida negociada que permita llegar a un gobierno “amplio, pluralista y de centroizquierda”, que no tocaría los intereses de las grandes trasnacionales.

Fuentes
1. Moreno N., Greco E. y Franceschi A. (1973). Tesis sobre el guerrillerismo. Consultado el 27 de marzo de 2008 en http://www.marxists.org/espanol/tematica/guerrilla/index.htm
2. Ibid.
3. Lamas M. (Op. cit.)
4. Lamas M. (Op. cit.)
5. Herrera L. (Op. cit)
6. Lamas M. (Op. cit.)

 

-----------------------------------------------------------------------------------------------------

Álvaro Uribe y el narcotráfico

Vale la pena detenerse en la figura de este personaje, hoy presidente de Colombia y con un negro historial, en el que se cuentan sus nexos con el narcotráfico.

Nacido en la ciudad de Medellín en 1952, Álvaro Uribe pertenece a una familia terrateniente de Antioquia (departamento de Colombia), ligada al narcotráfico. Su padre, Alberto Uribe Sierra, es señalado por Fabio Castillo en su libro Los Jinetes de la Cocaína, como un conocido narcotraficante, quien una vez fue arrestado y estuvo a punto de ser extraditado hacia EU, pero sus nexos con el gobierno colombiano lograron que quedara en libertad. Este personaje fue asesinado cerca de su plantación en Antioquia, y a su funeral asistieron importantes representantes de la alta burguesía colombiana y del gobierno, entre ellos, el entonces presidente Belisario Betancourt, hecho que provocó las protestas de que aquellos grupos que conocían de los nexos entre Uribe Sierra y el narcotráfico1.

La fortuna familiar permitió que Álvaro Uribe realizara estudios en el extranjero, siendo alumno de la Universidad de Oxford, en Inglaterra.
Su carrera política coincide con el auge del cártel de Medellín. En esa ciudad desempeñó diversos cargos públicos hasta que, en 1982 se convirtió en gobernador. Para 1995 gobernaba la ciudad de Antioquia.
Su relación con el narcotráfico ha sido documentada por diversas fuentes; el periodista Fernando Garavito señaló en febrero de 2002 que cuando fue director de la Agencia de Aeronáutica Civil de Colombia (1980-1982) otorgó licencias de piloto a miembros del cártel de Medellín, facilitando así el traslado de grandes cantidades de cocaína fuera del territorio colombiano; por esta “irregularidad” fue retirado de su cargo.

Como alcalde de Medellín, Uribe impulsó la construcción de viviendas de bajo costo para los sectores más pobres de la sociedad, Medellín sin tugurios, y un programa de siembra de miles de árboles en la ciudad…ambos proyectos fueron financiados por el narcotraficante Pablo Escobar2.

Virginia Vallejo, ex presentadora de televisión y que actualmente vive en Miami, y que fuera amante de Pablo Escobar, publicó en 2007 un libro titulado Amando a Pablo, en el que señala que el narcotraficante “idolatraba” a Álvaro Uribe. Vallejo relató al diario español El País que…. “Pablo solía decir […] si no fuera por este muchacho bendito, tendríamos que estar nadando hasta Miami para llevar la droga a los gringos’”. A la agencia Efe declaró que Carlos Holguín, ministro de Justicia, es la cuota del gobierno colombiano para con el cártel de Cali, mientras que el asesor presidencial José Obdulio Gaviria resulta ser primo del fallecido Pablo Escobar3.
Álvaro Uribe es el heredero de la violencia de Estado inaugurada a mediados del siglo pasado en Colombia. Desde entonces, la política de Estado no ha cambiado demasiado, Uribe sólo ha perfeccionado los métodos utilizados por sus predecesores. En esta historia de desigualdad y represión, es que surgen grupos armados como las FARC. Y es este panorama el que explica, de cierta manera, el desarrollo de este grupo armado.

 

Fuentes
1. Steinsleger J. (2006) ¿Quién es Álvaro Uribe Vélez?.  Consultado el 25 de marzo de 2008 en http://www.rebelion.org/plancolombia/uribe100402.htm
2.Ibid.
3. Hernández Navarro L. (2008) Álvaro Uribe, señor de las sombras y Los Pinos. La Jornada (18/03/2008).

 

 

 

Contenido

Presentación

I. El imperio de EU, por peder su hegemonía mundial                   

II. Debilitamiento de EU dentro de un nuevo marco geoconómico mundial

III. Un gran crecimiento económico mundical que  no   supera la crisis

IV. La Crisis financiera mundial                                 
V. Algunas repercusiones políticas del declive del imperio 

VI. Alguna repersusiones políticas del declive del imperio                 

Venezuela

En Sidor los obreros enfrentan a Techint                            
La nacionalización de Sidor es un triunfo de los trabajadores    

 Por la reinstalaciòn de Orlando Chirino a PDVSA       

Por un tribnal que juzque las acusaciones de James Petras 

Colombia
Palestina
México
Contraportada