Pluma 2
Revista teórica marxista de política, arte y literatura
Gobiernos de "centro izquierda": nuevo dique contra la revolución social
Primarera 2006

 

De la época de las dictaduras a la crisis en las democracias

En mayo de 1999 el Comité Central del POS (hoy MAS) elaboró un largo documento sobre la situación política mundial. Entre sus tesis está que el mundo vivió una fase histórica de dictaduras, que fueron sucedidas por sistemas políticos democráticos. La democracia fue recibida con entusiasmo por las poblaciones de todas las latitudes, pues suponían que, además de libertades, traería bienestar material. A los pocos años esta esperanza se desvaneció en no pocos países: la miseria y la pobreza no cedían, sino aumentaron, así como el deterioro de la calidad de vida. Protestas sociales grandes y chicas han ocurrido en casi todo el mundo y algunas naciones se han visto estremecidas por violentas insurrecciones que han depuesto gobiernos elegidos en urnas.
Publicamos algunos fragmentos del texto La democracia de la globalización: conquista y trampa, en el que se analizan estos fenómenos.


3. 3 El bonapartismo, el régimen más característico de la posguerra

Con excepción de la mayoría de los países imperialistas y de unos pocos en el mundo semicolonial, el régimen político característico de la posguerra fue el bonapartismo, en sus distintos tipos: dictaduras militares o sistemas políticos antidemocráticos basados en fuerzas armadas y/o en burocracias, encabezados por caudillos carismáticos y autoritarios. Bajo este tipo de dominación política vivieron la mayoría de los seres humanos luego de la segunda guerra mundial. Todos los países obreros [mal llamados países socialistas], en los que vivía la tercera parte de la humanidad, tuvieron este tipo de régimen; algunos de los países imperialistas también lo cobijaron, y la gran mayoría de los países coloniales, semicoloniales y dependientes. Los actores políticos principales de esta etapa fueron, desde luego, "bonapartes": personajes como Stalin, De Gaulle, Mao, Franco, Tito, Suharto, Perón y Fidel Castro. Ellos ocuparon y coparon la escena política. Aun los países que tuvieron regímenes democrático burgueses en esta era, como los EEUU, tuvieron fuertes rasgos bonapartistas.
El autoritarismo, espíritu del bonapartismo y cáncer moral de la época, impregnó no sólo a las instituciones políticas sino a toda la vida social, incluyendo a la familia y la pareja.

La represión y la violencia no fueron los únicos mecanismos de los regímenes bonapartistas para dominar a las masas, luego de la segunda guerra mundial. En esta etapa la economía capitalista prosperó --y la de la URSS y los nuevos países obreros degenerados --, lo que permitió una mejoría relativa en las condiciones de vida de amplios sectores de las poblaciones. Esta bonanza económica amortiguó los conflictos sociales y permitió que estos regímenes gozaran de una relativa estabilidad.

3.4 Frecuentes intervenciones militares imperialistas y stalinistas
Como parte de este fenómeno bonapartista, violento, en esta larga etapa histórica fueron frecuentes, características, las intervenciones militares del imperialismo y el stalinismo soviético. Cada tanto los imperialistas o los burócratas mandaban a sus tropas a aplastar y sofocar revoluciones y rebeliones en los países en su área de influencia.
En esta etapa, entonces, los imperialistas (en su política exterior) y los stalinistas se expresaron fundamentalmente a través de los métodos violentos (aunque sin poder repetir los horrores sin parangón de la etapa anterior, cuando el fascismo y el mismo stalinismo estaban en su esplendor, y ambos por su lado asesinaron a decenas de millones de seres humanos).
El imperialismo y el stalinismo siguieron siendo tremendamente criminales y asesinos, y siempre que pudieron invadieron otros países, llevaron a cabo espantosas matanzas o las auspiciaron. Éstas, con todo lo terrible que fueron (como la lanzada por Stalin contra los checehenos, con cientos de miles de muertos; la habida en Indonesia, donde hubo unas 600 mil víctimas fatales; la de Guatemala, donde asesinaron a 200 mil; la del "Proceso" militar argentino, donde se calculan 30 mil, y la de Chile, con 20 mil), no se comparan con las habidas en la guerra civil española o con el genocidio de judíos, gitanos y eslavos por los nazis, donde los muertos fueron millones. Es que la victoria sobre el nazismo, el fascismo y el Mikado japonés, sin destruir de cuajo la maquinaria genocida de la contrarrevolución, si la dejó sensiblemente averiada. La contrarrevolución de los imperialistas "democráticos" o de los stalinistas ya no encontró espacio en esta nueva etapa histórica para llevar a cabo carnicerías de las proporciones de los nazis.


3.5 Una etapa histórica de revoluciones democráticas
Las revoluciones democráticas, la mayoría de ellas triunfantes, han cambiado la faz política de la tierra. Ahora los regímenes de democracia formal son lo más característico en el mundo, mientras que las dictaduras son la excepción. También son excepcionales algunos regímenes bonapartistas -como la monarquía española- que han debido otorgar amplias libertades políticas y civiles.
La democracia es uno de los principales signos de la situación política mundial. Los actores políticos principales cambian en relación con la situación anterior. Estamos en la era de los partidos políticos que compiten en elecciones y se enfrentan en la arena parlamentaria, todo ello dentro del "Estado de derecho". Si la ideología en la era histórica anterior era la devoción, el culto a la personalidad del líder, el presidente o el comandante, ahora la democracia es la nueva religión y el supuesto poder de los ciudadanos uno de los dogmas predilectos. Y donde existen todavía regímenes bonapartistas, han tenido que adoptar, por la presión democratizadora mundial e interna, formas y mecanismos democráticos, en distinto grado (México, Cuba, China).
Por lo que se refiere a la contrarrevolución imperialista, los imperios yanqui y francés fueron humillados en Vietnam y desde entonces, desde hace casi 25 años no llevan a cabo una escalada militar en la que exista el peligro de que decenas de miles de sus soldados puedan morir. […]

3.6 El ejército de la burocracia agoniza
Existe la tendencia a menospreciar la muerte del régimen dictatorial de la burocracia soviética. Dado que sobre sus cenizas no se erigió una dictadura revolucionaria del proletariado, se argumenta, entonces tal revolución es irrelevante. Esta visión sectaria olvida, entre otras cosas, que desde el Kremlin, luego de la segunda gran guerra, todo lo que se ordenó fueron intervenciones militares contrarrevolucionarias (Berlín, Hungría, Checoeslovaquia, Afganistán) y que éstas muy probablemente no se repetirán, al menos con la potencia que tuvieron en el pasado. […]

Capítulo 4

LA DEMOCRACIA BURGUESA, EXPRESION DE LOS AVANCES Y LIMITES DE LA LUCHA DEL PROLETARIADO

4.1 La democracia no es un régimen consustancial al imperialismo

Con frecuencia se olvida o ni siquiera se repara en que el término escogido por los marxistas para definir al capitalismo en su actual fase de decadencia - imperialismo - significa un régimen guerrero, agresivo, conquistador, depredador y opresor de pueblos. Por su naturaleza, está en las antípodas de la democracia. El mismo capitalismo en sus entrañas económicas es un régimen basado en la necesidad de apoderarse de lo que tiene el otro, de su plus trabajo. Capitalismo e imperialismo son en su esencia sistemas agresivos, expoliadores y violentos.

En su obra titulada "Terrorismo y Comunismo", León Trotsky revive esta tesis de Marx: "El imperialismo - escribía Marx a propósito del Imperio de Napoleón III - es la forma más prostituida y perfecta del Poder gubernamental, que la burguesía, al alcanzar su apogeo, ha transformado en instrumento de opresión del trabajo por el capital."

Y la comenta de la siguiente manera:

"Esta definición excede al segundo imperio francés, y abarca al nuevo imperialismo, necesario en el mundo entero por la voracidad del capital nacional de las grandes potencias. En el dominio económico, el imperialismo suponía el fracaso definitivo del papel de la pequeña burguesía; en el campo político, significaba el aniquilamiento total de la democracia..." (40, el subrayado es nuestro).

Esto quiere decir que si existen actualmente regímenes de democracia formal y libertades y derechos democráticos en la mayoría de países del mundo, se debe fundamentalmente a la lucha de las masas, a que los pueblos han hecho revoluciones - algunas al precio de mucha sangre - que han derribado a dictaduras y a regímenes autoritarios o totalitarios.
La democracia actual ha sido una gran conquista de las masas. No es el régimen político que corresponde naturalmente a la hegemonía capitalista ni el de las economías de "libre mercado", como pregona con frecuencia la propaganda burguesa. Tampoco es el régimen mediante el cual la contrarrevolución se encuentre más cómoda o en mejores condiciones para ejercer su dominación sobre el proletariado y las masas, como afirman los sectarios hacia las revoluciones democráticas. La democracia formal es un régimen de dominación contradictorio, porque esos márgenes de libertad pueden servir para que el proletariado actúe, se organice, se movilice, forme su partido, eleve su conciencia de fuerza explotada y revolucionaria y ponga en peligro al capitalismo.

4.2 Para conquistar democracia, las masas derribaron al segundo basamento de la contrarrevolución
Decíamos que a menudo se soslaya la importancia de la caída de los regímenes dictatoriales stalinistas. Tanto el stalinismo como el imperialismo comparten la necesidad del mismo régimen bonapartista, que es su sistema de dominación predilecto. Así que la caída de los regímenes dictatoriales stalinistas significó la destrucción del régimen con el que la burocracia de los Estados obreros ejercía en mejores condiciones su dominación.
La caída de estos regímenes significó una derrota brutal e histórica para la contrarrevolución. Es un acontecimiento tan importante como el derrumbe del nazi-fascismo en 1945, con la diferencia de que aquella derrota fue mucho más contundente y violenta que la caída de los regímenes dictatoriales stalinistas. Además, no cayeron todos estos regímenes dictatoriales -aunque sí el principal, el que estaba enquistado en la ex Unión Soviética. Pero quedaron dictaduras stalinistas en China, Cuba, Vietnam y Corea.
No obstante estas limitaciones (y otras que analizaremos posteriormente), la caída de los regímenes dictatoriales stalinistas es, repetimos, un gran hecho histórico, porque cayó otro de los pilares de la contrarrevolución mundial. Ahora sólo queda, más o menos intacto, el imperialismo "democrático".

En menos de 50 años, entre 1945 y 1991, el proletariado mundial liquidó dos de los tres basamentos en que se asentaba firmemente la contrarrevolución planetaria. Medio siglo es mucho tiempo en la vida de un ser humano. No lo es si empleamos para medir la escala histórica. En los próximos años el proletariado seguirá con su tarea destructiva de la contrarrevolución, lo que ha hecho sin prisa pero sin pausa en las últimas décadas. Ésta no es una frase "optimista". Es simplemente la constatación de una tendencia histórica.

4.2 La potencia de la revolución democrática es mayor que las tendencias bonapartistas

Algunos analistas afirman que "... vamos a un aumento de los rasgos bonapartistas de los regímenes, de incremento de la represión y recortes de las libertades democráticas."
Esta tesis es falsa porque confunde la necesidad que tiene la contrarrevolución de disminuir o eliminar las libertades democráticas, con las posibilidades reales que tiene para ello. En efecto, cada tanto vemos que la contrarrevolución busca disminuir o suprimir derechos políticos de la población, aunque generalmente no logra hacerlo, pues la relación de fuerzas entre las clases no lo permite: las masas no se dejan arrebatar las libertades y tienden a ampliarlas.

Veamos algunos hechos:
La aprehensión de Augusto Pinochet en Londres (sea deportado para ser sometido a juicio a España o no), es un golpe espectacular a los bonapartes, dictadores y genocidas, a los que lo fueron y a los candidatos a serlo. Este hecho ha herido de muerte al bonapartismo militar y ha tenido consecuencias inmediatas en Argentina --donde algunos generales han sido encarcelados por su participación en la dictadura militar de 1976-1982--; en Bolivia ha ocasionado una crisis política en la coalición gobernante, presidida por un antiguo genocida; y ha golpeado también sobre el régimen stalinista de Fidel Castro en Cuba [recordemos que Fidel defendió a Pinochet, para que no fuera juzgado por los británicos].
La tendencia es a que caigan los escasos regímenes bonapartistas que aún quedan en el mundo. El año pasado [1998], 210 millones de indonesios conquistaron un nuevo régimen, con algunas libertades democráticas, luego de la caída del sanguinario Suharto. México, todavía con un régimen bonapartista, ha visto su languidecimiento, una larga agonía en la cual se respiran en este país algunas libertades, luego de que durante largas décadas estuvieron sofocadas.
El llamado sexgate en que estuvo involucrado Clinton, aunque no culminó en su destitución, ha dejado dañado el presidencialismo en Estados Unidos. El resultado es que ni el hombre más poderoso de la tierra goza de impunidad y podría ser juzgado y destituido (independientemente de que las intenciones en su contra de la derecha norteamericana eran otras).
El derecho a la autodeterminación nacional también se va imponiendo en el mundo, como parte de este proceso de avance democrático. La orgullosa democracia europea occidental se ha visto conmovida por su inconsecuencia frente a las luchas de autodeterminación nacional de los curdos y en los Balcanes, así como en el Estado español y en Irlanda.

El que señalemos esta tendencia hacia una mayor democratización mundial, no significa que creamos que necesariamente continuará así, desarrollándose evolutivamente. Es sólo la tendencia de la coyuntura, de los próximos años, útil para ser discutida en el siguiente congreso [de la Cuarta Internacional]. Pero como tendencia a más largo plazo, histórica, el imperialismo y la contrarrevolución intentarán destruir las libertades y las garantías democráticas, e imponer sus regímenes de fuerza. En la propia situación mundial actual nuestros partidos tienen que estar atentos para no ser víctimas de golpes represivos y en momentos de crisis política deben abrir la posibilidad de que se produzcan intentos de golpes de Estado. Y es que un documento como éste sólo puede trazar las tendencias fundamentales, los rasgos generales del proceso político internacional.

4.5 Alcances y límites de la conquista de libertades democráticas
En la actual etapa de la lucha de clases que estamos viviendo, el predominio mundial de la democracia burguesa expresa el avance y las limitaciones de la lucha internacional del proletariado y los pueblos. Por un lado, nuestra clase ha logrado sacudirse con grandes revoluciones y luchas los regímenes fascistas y bonapartistas con los que el imperialismo y la contrarrevolución quisieron dominarnos y someternos. Por otra parte, la clase trabajadora no está conciente de que debe imponer su dictadura revolucionaria y supone que con democracia formal es suficiente para obtener trabajo, vivienda y condiciones de vida dignas. Es decir, el proletariado mundial actual está ganado para una ideología ajena a sus intereses históricos. Esta ideología está encarnada y es difundida por partidos pequeño burgueses, que son la representación y dirección actual de la clase obrera internacional. En palabras del mexicano José Revueltas, nuestra clase, la trabajadora, no tiene cabeza propia, piensa a través de la cabeza de otra clase. En ello reside hoy lo que Trotsky llamó la "crisis en la dirección del proletariado". En estas circunstancias tenemos el actual predominio mundial de la democracia burguesa.


 

La dictaduras, muros contra la revolución social

América latina luego de la segunda gran guerra estuvo dominada, en general, por feroces dictaduras militares. La más antigua fue la de los Somoza, impuesta por Estados Unidos en 1937, luego de asesinar al insurgente Sandino. En Guatemala, en 1954, los militares se adueñaron del poder mediante un golpe de Estado. En Haití, otra dinastía de dictadores, los Duvalier, se entronizó desde 1957. Tres años antes el general Stroessner se apoderó de Paraguay.


En Brasil, la dominación militar duró 21 años, de 1964 a 1985. 1973 fue el año de los golpes de Estado en Chile y en Uruguay. Fue breve, pero muy sangrienta la más reciente dictadura argentina, de 1976 a 1982.


Las dictaduras fueron la respuesta de los gobiernos de Estados Unidos y de las burguesías de la región a los crecientes movimientos obreros y populares. En Bolivia, por ejemplo, en 1970, la poderosa Central Obrera (COB) de ese país, en un congreso adoptó unas tesis de los obreros mineros que dicen: "Nosotros, obreros de las minas, declaramos que nuestra misión histórica hoy es derrotar al imperialismo y sus lacayos nativos. Declaramos que nuestra misión es luchar por el socialismo." Un año después, el general Hugo Bánzer impuso violentamente una dictadura, que ilegalizó y persiguió a la COB.


Pocos años duraron las dictaduras militares. Insurrecciones populares, revoluciones democráticas barrieron con la mayoría de ellas en los años ochentas.


4.4 La democracia formal, régimen predilecto de las clases medias

Si el bonapartismo es el régimen consustancial al imperialismo, y la democracia socialista y su dictadura revolucionaria es el régimen natural del proletariado, la democracia formal es el régimen político predilecto de la pequeña burguesía y la “clase media”.

La pequeña burguesía sabe que su fuerza no reside en su reducido poder económico, sino en su número y en su mayor nivel de ilustración frente al proletariado y en su infl uencia en algunas instituciones (medios de comunicación, universidades, ONGs y partidos políticos). En esta situación el régimen mediante el cual mejor puede defender sus intereses es el parlamentario.

Trotsky explicó así esta relación sociopolítica:

“La democracia burguesa consigue realizar tanto mejor su obra cuanto más apoyada está por una capa más profunda de pequeña burguesía, mayor es la importancia de esta última en la vida económica del país y más bajo, por consiguiente, el nivel de antagonismo de clase. (....) Se puede convenir, en efecto, que los elementos pequeño burgueses de las ciudades y los campos ocupan todavía un puesto importantísimo numéricamente. Pero la significación capital del desenvolvimiento consiste en la pérdida de su importancia en la producción; el valor de las riquezas que la pequeña burguesía vierte en el activo de las naciones ha bajado mucho más pronto que su importancia numérica. El desarrollo histórico se ha basado siempre, y cada vez más, en los polos opuestos de la sociedad - -burguesía capitalista y proletariado --, y no en las capas conservadoras legadas por el pasado.

“Cuanto más perdía su importancia social la pequeña burguesía, menos capaz era de desempeñar con autoridad la función de árbitro entre el capital y el trabajo. Numéricamente grande, la pequeña burguesía de las ciudades, y más aún de los campos, seguía, sin embargo, hallando su expresión en la estadística electoral del parlamentarismo.”