Pluma 2
Revista teórica marxista de política, arte y literatura
Gobiernos de "centro izquierda": nuevo dique contra la revolución social
Primarera 2006

 

Francisco de Goya,

Inventor del arte moderno

Por Ana Ortiz Ángulo

 

Nace en Fuendetodos, España en 1746. Muere en Burdeos, Francia, en 19828

España ha dado el mundo cuatro pilares que sostienen la Historia de la pintura universal: El Greco, considerado español a pesar de haber nacido en Grecia, Diego Velázquez, Francisco de Goya y Pablo Picasso. Si faltara cualquiera de ellos, una gran página en blanco se abriría en la historia de las artes plásticas, no sólo en sus propias épocas y en España, sino en todo el desarrollo artístico universal.

Faltaría sustento a varias corrientes de generaciones y estilos artísticos posteriores. En la literatura se puede decir que en esa medida no pueden faltar Miguel de Cervantes Saavedra o Juana de Azbaje. Mucho del arte universal de los siglos XIX y XX se quedaría sin explicar o no habría surgido, entre esas corrientes es encuadran el realismo (Daumier), el impresionismo (Manet), el surrealismo (Dali) , el expresionismo alemán y José Clemente Orozco.

A Goya le toca el fin de una época de esplendor artificioso, complicado y exultante del arte barroco, del rococó y el inicio del neoclasicismo y el realismo que ocupará gran parte del arte en el siglo XIX. También se ha dicho que augura el romanticismo y lo supera. La obra de Goya transcurre del pintoresquismo, el paisajismo, la alegría del color y las formas graciosas de su España y sus tradiciones a la expresión feroz de las miserias humana, en la guerra, la pobreza, el alcoholismo, la locura, la brujería. Esto es evidente independientemente del tema que aborde, muchas veces para cumplir encargos, o por puro capricho, Goya no podrá prescindir nunca de su genio para expresar por medio de la forma, el color, las texturas, las carnaciones, los matices o las líneas y sombras, y en un especial acento el movimiento, que enriquecen cualquiera de sus obras ya sean óleos aguas tintas, litografías y grabados.

Se ha escrito mucho acerca de este pintor y su obra. Especialistas en la historia del arte pictórico han dado sus opiniones que por supuesto corresponden a la época histórica del crítico. Se le ha elogiado en extremo y se le ha condenado sobre todo por sus expresiones más críticas o más fantásticas. Los más atinados son aquellos que enaltecen la factura de cada una de sus obras, por la maestría en el uso del pincel, el lápiz o la gubia. A donde queremos llegar en esta breve intromisión en uno de las fortalezas del arte universal, no es a hacer un nuevo recorrido elogioso de su obra sino poner el acento en su ruta hacia lo estético, en donde conjuga la forma y el contenido, la realidad y la fantasía, la crítica acerba a la sociedad de su tiempo con las galas de la nobleza, las profundidades de la individualidad con la despreocupada sonrisa de las damas cantando y bailando en la campiña aragonesa, de la violencia de la guerra o del aquelarre demoniaco a la tranquilidad y transparencia del paisaje, de la comicidad de situaciones o rostros caricaturizados al desgarrador gesto del drama.De 1760 a 1775 transcurre su etapa de preparación en diversos talleres en Zaragoza y Madrid, se presenta a concursos. Vive en Italia sin dejar de trabajar y de perfeccionar su oficio.

Desde su inicio, la obra de Goya es un perpetuo transcurrir entre el realismo –constante del arte español- y el “expresionismo” que conjuga la crítica a los vicios y las pasiones, la profundización psicológica de los personajes, la violencia del dolor y la muerte.

No hay muchas noticias sobre su infancia que transcurre en Zaragoza y se supone que gracias al oficio de su padre que era dorador, haya tenido contacto con los pintores y que haya recibido clases de dibujo. Se sabe que viaja a Madrid para presentarse en un concurso para el premio de la Real Academia de San Fernando (fundada en 1751 por Carlos III, monarca Borbón).

Es de suponerse que estos años de preparación, que vivió con su familia en Zaragoza se quedaron en su memoria con todas sus escenas de alegría y jolgorio en medio de paisajes áridos y plenos de mujeres vestidas con hermosos trajes tradicionales que luego imprimirá como fondo a muchas de sus obras. Así mismo deben haber estado en su mente los viejos y las viejas astrosos, los borrachos sin remedio y la fiesta de los toros que luego plasmará en sus grabados. Es también explicable que no haya recibido reconocimiento en la Academia de San Fernando en Madrid pues su realismo, su garra sin titubeos ni concesiones no estaban acordes con las reglas de los académicos, que rendían a Tiépolo, y que plasmaban los estertores de la pintura barroca, más por ser la última, de un barroco exagerado, ilusorio y fantasioso que deben haber repugnado a su sentido de realismo.

Después de concursar por segunda vez en la Academia de Madrid y salir derrotado, gana un segundo lugar en un concurso abierto en la Academia de Parma, en 1770, reconocimiento valioso para el novel pintor. Viaja a Roma y luego a otras ciudades italianas en las que según los mitos, corre varias aventuras galantes que lo hacen salir de la península casi huyendo. En Zaragoza le hacen encargos que cumple magistralmente como todo lo que pintará en adelante.

De 1775 a 1812. Ascenso en la escala social. “Pintor del Rey” de Carlos III. “Pintor de Corte” de Carlos IV, Maria Luisa de Parma, Fernando VII y Manuel Godoy

En 1775 se instala en Madrid en donde desarrolla su talento que pronto es reconocido pues es nombrado miembro de la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando y trabaja durante algunos años realizando cartones para la fábrica de tapices, es su última obra como pintor rococó. Luego es nombrado, por intermedio de su cuñado Ramón Bayeu , “Pintor del Rey” de Carlos III, al morir éste en 1780 es elevado a la categoría de “Pintor de Cámara”. Sirve en una corte corrupta, pero su independencia le permite penetrar en las facciones de los personajes que tiene que retratar y lo hace sin dar concesiones, no sólo por su afán de no apartarse de la realidad sino por un deseo de dejar testimonio de los verdaderos rostros de su época tal como “La familia de Carlos IV”, óleo que se exhibe en el Museo del Prado en el que no idealiza a sus monarcas. Tal como lo había conseguido al hacer el retrato de la reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV.

En el tiempo que le queda libre de sus obligaciones de pintor de corte, graba Los caprichos. A él mismo le parecen “minucias” pero en ellos pone toda la fantasía y la violencia que le era innata pero que se había ido alimentando sin dejarla salir para conservar las posiciones que había logrando. Él explicaba el nombre de caprichos pues esas obras las hacía sin ninguna obligación, por el puro gusto de hacerlas.

En sus muy variadas obras de esta época de desarrollo y logros de fama, se refleja, independientemente de su trabajo obligado por sus nombramientos, sobre todo retratar a la nobleza española, su trabajo voluntario en el que refleja una lucha por independizarse de las corrientes en boga. Deja atrás el rococó alambicado y supera el clasicismo que provenía de las nuevas ideas ilustradas del siglo XVIII francés. Lo que predomina es la vinculación de su temperamento libre y apasionado con los temas, el colorido y el movimiento populares. El pueblo español brota casi sin pedirle permiso a sus dictados académicos, en toda su obra no hecha por encargo, acento que va haciendo explícito su compromiso con su país y con sus coterráneos más abandonados, más desprotegidos y todos los dramas que vive cotidianamente.

Algunos críticos le llaman a este afán un “populismo”, con la salvedad que no lo confunden con demagogia, sino que lo sitúan como un precursor de corrientes del siglo XX como el muralismo mexicano.

En el tratamiento de todos los temas demuestran que por encima de influencias y alternativas estilísticas, lo principal para Goya es mantenerse fiel a la realidad. En muchas ocasiones este amor por el realismo lo lleva a plasmar retratos que rayan en la caricatura. Lo vemos así en los retratos de la corte, sobre todo de la reina María Luisa y en sus dibujos, aguafuertes y sus grabados y aún en sus cartones para los tapices alambicados de la Corona. En el fundamento de sus tratamiento de los personajes se evidencia una profunda crítica al mundo y al círculo social que le tocó vivir y en el que se integraba a pesar de repulsa a situaciones nefastas. Aparece entonces la expresión de sus más íntimos impulsos que lo llevan al los extremos de un “expresionismo”, que aparecerá hasta después de la I Guerra mundial en el expresionismo alemán en cuadros burlescos de aquelarres y brujerías. .

Es la época en que realiza sus obras que son más cercanas a la perfección en relación a un concepto de belleza clásico. Las Majas son un monumento en la línea de retratos femeninos, sobre todo los desnudos , línea que surge de la escultura griega, después de un intermedio de diez siglos, revive en el siglo XV y XVI con el Renacimiento. (Giorgonne, Tiziano y Botticelli entre otros). Se dice que las majas fueron pintadas por órdenes de Manuel Godoy. Era una práctica común en las cortes el que el rey tuviera una galería para su propio y solitario solaz y Godoy no podía quedarse atrás.

Es testigo de la corrupción de la Corte a la que sirve: asiste al ascenso del poder de Manuel Godoy que escala los más altos puestos al pasar por la alcoba de María Luisa.

Aun antes de morir Carlos III ya era conocida la afición de la entonces princesa de Asturias por los guardias de coros, todos más jóvenes que ella. El más notable, y más amado fue sin duda Godoy que ingresa a la corte como guardia. Su inteligencia, su don de gentes, su belleza física y su voz de matices insospechados le abren el camino y cosa curiosa, pero atribuible a la estupidez de Carlos IV, también al afecto del rey, lo que convertía a Godoy en favorito. Una vez que Carlos III falleció y fue coronado Carlos IV, que prefería la carpintería y la caza a la gobernación, Godoy se adueñó del poder y fue el principal estadista que manejó los asuntos de España hasta entrado el siglo XIX.

Situación que desembocó en graves conflictos entre esta corte corrompida y el futuro rey de España, hijo de los reyes, Fernando. El pueblo se entregó emocionalmente a este personaje pensando que sería “El deseado”, el esperado para levantar del fango a la Corona pero no va ser así al fin. Carlos IV abdica a favor de su hijo que empieza a reinar con el nombre de Drnando VII. Entre tanto Napoleón Bonaparte se apodera de España a la que invade sorpresivamente y sin encontrar resistencia en 1808. Manuel Godoy propicia esta invasión al aceptar el ofrecimiento de Napoleón, que al triunfo del emperador francés sería nombrado por éste rey de Portugal. Las tropas francesas dominan el territorio español reprimiendo sangrientamente cualquier oposición. Napoleón conduce a la corte a la ciudad francesa de Bayona, en donde consigue la abdicación de Fernando VII a favor de la familia Bonaparte. De ahí en adelante, durante algunos años reinará José Bonaparte, a quien por sus vicios el pueblo¿ bautizó con el nombre de Pepe Botella.. Estos hechos desencadenan una feroz oposición en el pueblo y sus intelectuales españoles con un claro tinte liberal. Se organiza el ya caduco imperio en ayuntamientos y es elaborada y jurada la Constitución de 1812 bajo la guía de la Ilustración.

Goya, antes del desastre pinta los retratos de la familia real, pinta con gran maestría a la duquesa de Chinchón, prima de Carlos IV a quien casan con Godoy para incorporarlo a la realeza. También hace el retrato de la Duquesa de Alba, personaje que competía con la reina en los terrenos de la belleza y la moda, haciendo a ésta quedar mal. Goya fue un gran amigo de la duquesa que lo distinguió entre su pequeña corte. Esta extraordinaria mujer murió de pronto y sospechosamente en una tarde de fiesta en 1800.

Goya, que padecía de sordera desde, es testigo de todas estas calamidades y decide retirarse y compra una finca a la que se ha llamado la “Quinta del Sordo”. Solo, su mujer ya había muerto, se refugia dentro de esta casona y tomando sus muros como grandes telas desarrolla su más extraordinaria obra, conocida ahora como “la obra negra” en la que plasma todos los oscuros pensamientos que lo acongojaban y toda la violencia contenido en sus años de esplendor cortesano. Esas pinturas fueron rescatadas de estos muros y ahora enriquecen el Museo del Prado.

Vivían nítidamente en su memoria las escenas desgarradoras de la lucha del pueblo español en contra de los invasores franceses y para no olvidarlas pinta en 1814 los dos formidables cuadros: “Los Mamelucos” y “ Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808”. Es increíble el impacto que produce en el visitante del Museo del Prado al enfrentarse a estos dos prodigiosas testimonios, hechos por una mente prodigiosa y una mano maestra, de estas dos escenas de guerra. Ya no es el retrato del héroe ni la poderosa figura de un conquistador montando un brioso corcel, no, es la crueldad humana ante el vencido, la visión de la muerte sin esperanza, el dolor de la pérdida, simultánea, de la vida y de la patria. La belleza clásica, las suaves redondeles de las mujeres, la piel conseguido a fuerza de pincel sutil, ahora es la tragedia que es elevado a categoría estética.