Pluma 2
Revista teórica marxista de política, arte y literatura
Gobiernos de "centro izquierda": nuevo dique contra la revolución social
Primarera 2006

 

Virgilio Gómez, la leyenda ubicua

Por: Ulises Torrentera

Si toda muerte conmueve, la de un artista sacude. El deceso de Virgilio Gómez en Lima el pasado 31 de enero fue una noticia doblemente dolorosa. Un día, hace más de 12 años, Virgilio simplemente partió. En un principio sus telefonemas eran frecuentes y poco a poco fueron espaciándose hasta que la comunicación cesó por completo. Que sigue en Lima, que está en París, que lo vieron en el Distrito Federal, que ya llegó, eran los comentarios que se escuchaban. Un ser ubicuo. Así, en vida, Virgilio tejió su leyenda. Con su ausencia marcó su presencia en Oaxaca.

Los nuevos artistas y los artistas que se han afincado en Oaxaca recientemente poco saben de él. Para algunos no es más que un mito. Y en cierta forma lo es. Virgilio se empeñó en labrar su propio mito. Renuente a la fama o al reconocimiento, el pintor oaxaqueño nunca se preocupó por figurar, ni buscar espacios para encumbrarse. Desdeñó toda forma de poder pero tampoco tuvo empacho en utilizarlo para fines meramente artísticos.

Un pintor se hace en el dibujo y se redimensiona no en las galerías, sino en, curiosamente, en el arte culinario. Un artista plástico que se precie de serlo, debe pasar por el fuego de la cocina. Y Virgilio Gómez era extraordinario chef. Era un infatigable lector y un ácido crítico de la plástica local y nacional.Nunca reverenció a alguien o algo. En todo caso su compromiso estaba en el quehacer plástico. Y él se entregó profundamente.

Antes que nadie, Virgilio rompió con la plástica local y pasó del figurativismo al abstracto. Este paso no fue un rompimiento, sino un proceso natural. Un apasionado en el arte no puede vivir de una manera “normal” y por supuesto que en el caso de Virgilio esto se tradujo en una vida sibarítica. Sin pasión no hay arte.

Hay en la obra de Virgilio diversos niveles de lectura, por lo menos en la última etapa de Oaxaca. Formalmente su discurso pictórico nos remite a un mundo poco explorado, inhóspito, pero al cual se puede acceder de manera imprevista, súbitamente. Virgilio Gómez incursionó en prácticamente todas las técnicas pictóricas. Y las dominó a cabalidad. No solo técnicamente fue extraordinario pintor, sino que fue más allá. Conocía a la perfección los componente químicos de las pinturas, fueran óleos, acuarelas, temple o acrílico. Esto le permitía una mejor desenvoltura técnica. Si bien dominaba el grabado en sus diferentes modalidades, la escultura en cerámica, la fotografía, etcétera, sin duda alguna la pintura al óleo fue su fuerte. Al menos así lo registro particularmente.

Con un total desapego a las cosas materiales, poco le importó acumular bienes. Al contrario, parecía que éstos le estorbaban. Y así fue de una casa a otra, atesorando libros, pequeñas obras de arte popular, objetos desconcertantes. Llevaba su taller a cuestas. De la última etapa, la de Perú, nada se conoce aquí en México. Sería interesante indagar el trabajo plástico realizado por Virgilio en tierras incas. Sobre todo para conocer su evolución artística.

Me parece que el mejor homenaje que se le pueda hacer es organizar una exposición retrospectiva. Con ella las nuevas generaciones de pintores, de quienes aun siendo veteranos no lo conocieron y de quienes lo conocimos, podremos apreciar en su real dimensión la importancia de Virgilio Gómez en la plástica contemporánea nacional. Hoy, a las 12 del día en el panteón nuevo de Santa Cruz Xoxocotlán se enterraran los restos mortales de Virgilio.