Pluma No. 8 -Otoño de 2007

2. Balance

Ulises vapuleado y contra las cuerdas y policías

Manuel Gómez y Cuauhtémoc Ruíz

Durante los días que van del 14 de junio al 15 de julio de 2006 la lucha insurreccional del movimiento oaxaqueño alcanzó el punto más alto. En este periodo el pueblo derrotó a los cuerpos represivos, se manifiestó en dos espectaculares “mega marchas”, en las que participaron cientos de miles, y en las urnas, el 2 de julio, derrotó demoledoramente al PRI, partido del tirano, que apenas obtuvo un poco más de la cuarta parte de los votos.

 El 20 de junio del año pasado representantes de 365 organizaciones populares, sindicales, campesinas, indígenas y estudiantiles formaron la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) para luchar contra el gobernador, que estaba casi en la lona, a punto de recibir la puntilla por un paro cívico estatal propuesto por el Partido Obrero Socialista.

 A punta de garrotazos y con gas lacrimógeno –que también se disparaba, como en la guerra, desde helicópteros-, las distintas corporaciones policiales del gobernador intentaron liquidar el 14 de junio, el plantón magisterial-popular que estaba por cumplir un mes en el Centro Histórico de la Ciudad de Oaxaca, y que ocupaba 55 manzanas. Poco después de la sorpresa, los maestros -¡y desde luego aquí incluimos a muchas maestras!- e importantes contingentes populares se reorganizaron y le propinaron una merecida derrota a los cuerpos represivos estatales y municipales. Esta acción se realizó sin la batuta de ninguna dirección y tuvo como soporte la propia organización popular - magisterial, mientras la mayoría de la dirección magisterial cobardemente se escondía. En las columnas de insurrectos surgía un sentimiento de valentía, camaradería, apoyo y solidaridad: mujeres y hombres, jóvenes y adultos, se hicieron uno para derrotar a los agresores.

La derrota de los cuerpos policiales del gobernador es uno de los momentos más intensos y gloriosos del movimiento oaxaqueño, y ya es una de las fechas históricas y memorables de todo el pueblo mexicano.

El 14 de junio de 2006 se demostró que un pueblo organizado y con determinación de pelear por sus derechos puede derrotar a las fuerzas represivas del Estado de los capitalistas. Esta es una de las lecciones más importantes que nos dejan estas jornadas de lucha. En realidad, la lección oaxaqueña fue al cuadrado: meses después, el 5 de noviembre, nuevamente el pueblo de este estado volvió a derrotar a los gendarmes, esta vez también a la Policía Federal Preventiva, en una acción que igualmente va a las efemérides populares.

Al gobernador Ulises Ruiz (URO) le salió el tiro por la culata: calculaba que luego de reprimir a los maestros volvería todo al “orden” y la “tranquilidad” y que se afianzaría como un gobernante duro y enérgico. Pero la vergonzosa retirada de sus policías tuvo el efecto contrario: a partir del 15 de junio el movimiento se transforma claramente en una insurrección; de una huelga magisterial por reivindicaciones laborales que gozaba de simpatía popular, se convierte en un torrente de masas populares que exigen combativamente la caída del gobernador déspota.

El pueblo quería un poder diferente, propio

Las mega marchas de los días 16 y 28 de junio fueron dos jornadas de multitudinaria demostración de fuerza popular contra el gobernador, en la forma de fiestas callejeras y de algarabía popular. El ingenio de trabajadores, campesinos, estudiantes, niños y mujeres emergió a borbotones en las pintas de las mantas, en muñecos que representaban a las odiadas autoridades, en los cánticos que salieron de cientos de miles de gargantas enronquecidas de tanto gritar. Ni música faltó: las bandas de algunos pueblos la pusieron en estas jornadas de alegría popular y de odio contra los poderes establecidos.

Las masas querían la caída de URO, como se hizo patente en una de las consignas más coreadas: “va a caer, va a caer, Ulises va a caer”; pero también querían más, deseaban no una permuta más de autoridades sino un verdadero cambio, como se hizo evidente en la popularidad de otra consigna: “lucha, lucha, lucha, no dejes de luchar, por un gobierno obrero, campesino y popular”. El pueblo movilizado no se cansó de repetir estas dos consignas no sólo durante estas dos mega marchas sino durante los más de seis meses de lucha. Se buscaba otro poder, un poder popular, pero el pueblo no sabía cómo hacerlo ni que sus dirigentes lo que menos querían era enemistarse con la burguesía.

2 de julio: la derrota del PRI en Oaxaca

La caída de el PRI en México se empezó a dar desde el 2 de julio del 2000; algunas corrientes de izquierda consideraron este hecho como irrelevante, sin embargo rápidamente se empezaría a mostrar que lo que había sido un coloso político se desmoronaba a nivel nacional. En numerosos estados de la República perdió el poder político, como en Baja California, Michoacán, Chiapas, Zacatecas, etc., y aunque ello no significó su desaparición total, si dejó de tener el poder que por más de 70 años conservó a sangre y fuego.

Oaxaca, a pesar de sus luchas insurgentes en el siglo pasado, no ha podido quitarse el pesado fardo del priísmo que en los últimos años se ha atrincherado en el gobierno y en los cacicazgos arraigados en las comunidades indígenas y campesinas.

El movimiento magisterial- popular y una mayoría de la APPO convocaron al voto castigo contra el PRI y el PAN. Cientos de miles de votantes oaxaqueños llevaron a la mayoría de los candidatos a diputados y senadores del PRD a un triunfo sin el menor merecimiento. El partido tricolor obtuvo sólo el 27% de la votación estatal, lo que lo convirtió en una fuerza minoritaria.

Además, tanto la Asamblea Estatal del sindicato magisterial como la recién creada APPO resolvieron, a propuesta del Partido Obrero Socialista, llevar a cabo a partir del 7 de julio un paro general estatal escalonado hasta derrumbar al gobernador.

A la derrota de su política represiva del 14 de junio, se sumó la derrota electoral gubernamental. Así, el descontento popular expresado en las multitudinarias manifestaciones de junio, ofreció la gran oportunidad para hacer caer en el mes de julio de 2006 al dictadorzuelo URO y a su pandilla.

URO colgaba de un hilo: los empresarios, desde siempre sus aliados, sugerían públicamente su salida.

En las páginas siguientes veremos por qué no cayó URO, a pesar de que para estas fechas era un cadáver maloliente.

 

Contenido

Presentación

1. El contexto internacional de la sublevación oaxaqueña de 2006

 

2. Balance

Ulises vapuleado y contra las cuerdas

Por qué no cayó el gobernador

Las responsabilidades por la derrota de la insurrección

La desunión del magisterio y los padres de familia

La iglesia también crujió ante la insurrección

URO le copió a Hitler tácticas contra insurgentes

URO no hubiese soportado una huelga estatal

El desarrollo del poder obrero y popular

Un debate fraterno con los anarquistas

 

3. La situación actual

El movimiento se recupera y podría pasar a la ofensiva

El más fuerte apoyo a URO viene del gobierno federal

Tres historias istmeñas de la insurrección

Lázaro Cárdenas B. y el PRD-COCEI colaboran con URO

Calderón ama más a Elba que a Margarita

 

4. Perspectivas

Perspectivas y alternativas

El arte y los movimientos populares

 

Internacional

Chávez la democracia socialista

¡Detengamos la ejecución de Mumia Abu-Jamal!

Habrá de repetirse la insurrección, para terminar con la victoria

Álbum de fotos

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