Castells convoca a un frente de trabajadores
Argentina

Horacio Lagar

Pluma 3- Verano 2006

Buenos Aires.- Entre los hechos nuevos y de gran importancia que recorren el continente, hoy debemos destacar uno que, aunque se presenta por fuera de los esquemas o moldes clásicos de la historiografía marxista, los socialistas revolucionarios no podemos ignorar. Nos referimos a la irrupción en la escena política de movimientos sociales atípicos, que la terminología académica suele designar como movimientos "alternativos", por no coincidir con los preceptos o "normas" tradicionales y por involucrar a sectores muy marginados de la sociedad, que no son el clásico proletariado industrial.

Tales son los movimientos protagonizados por miembros de la clase trabajadora que pasaron a ser desocupados crónicos, después de ser desplazados de sus puestos de trabajo por la nueva tecnología o la extensión de la jornada laboral sobre el resto de su clase.

Son estos sectores los que sufren la mayor marginación social y los que, con mayor combatividad y desesperación, se han lanzado al corte de rutas y calles, conformando lo que se conoce en Argentina como movimientos "piqueteros".

Pero no es esta la única nueva manifestación de la resistencia popular que surge en el continente americano. Al fenómeno piquetero habría que sumarle hoy, según las informaciones de la prensa, el movimiento que en México, bajo la orientación del Sub Comandante Marcos, ha comenzado a recorrer el territorio nacional tratando de ganar a la población urbana con una propuesta política de unidad y un mensaje directamente político contra el sistema de la explotación capitalista.

El estallido iniciado en la Selva Lacandona y que, desde Chiapas, conmovió a la opinión pública mundial, extiende así su onda desestabilizadora del sistema al resto del territorio nacional.

Ambos hechos, tanto el de Argentina como el de México, son fenómenos significativos que la sociología contemporánea debiera sumar a otros igualmente inéditos, que han tenido lugar en escenarios diversos de América Latina, como los que llevaron al poder a la Conadiep en Ecuador y, últimamente en Bolivia, a un campesino indio de origen aymara surgido de las plantaciones de coca.

Pareciera que por fuera de los moldes tradicionales de los partidos del sistema, y ante la falta de una salida política de la izquierda revolucionaria, estas alternativas han surgido para responder de emergencia a las insoportables condiciones de vida que provoca a los pueblos del continente la decadencia estructural del capitalismo y su actual estado de descomposición.

No nos cabe duda que estos movimientos, por su naturaleza social atípica y su conducción heterodoxa, entran en colisión teórica y sobre todo metodológica con los movimientos políticos de la izquierda organizada, cuyos partidos y dirigentes han venido concentrando todas sus expectativas políticas de liderazgo social en la captación y movilización de la llamada "vanguardia proletaria" encuadrada en un partido, para jaquear por medios huelguísticos al sistema.

Pareciera que, después de haber mantenido en pie varias huelgas generales, esta perspectiva insurreccional del proletariado urbano ha cedido su lugar a nuevas fuerzas insurgentes, ya sea por haber fracasado o postergado su oportunidad a causa de la traición de los partidos reformistas y las burocracias stalinistas, o por los mismos cambios estructurales de la llamada "reconversión" capitalista, todo lo cual, le permitió sobrevivir al capitalismo.

Sea lo que fuera, el hecho es que un nuevo protagonista social con líderes heterodoxos apareció en escena y hoy constituyen, potencialmente, un elemento desestabilizante de los regímenes que administran el Sistema.

Con esta observación, de ninguna manera pretendo poner un signo de igualdad entre estas diversas manifestaciones de la crisis de dirección política que sufren las masas latinoamericanas. Sólo pretendo llamar la atención de los revolucionarios socialistas sobre la importancia que revisten estos fenómenos para evaluarlos en su justa dimensión, con el fin de precisar la táctica política del socialismo, en consonancia con la necesidad de ganar a las masas para montarlas en el curso de una estrategia revolucionaria.

No nos sentimos autorizados -por falta de conocimiento- para opinar sobre la manera en que este fenómeno se desarrolla en México, si es que se desarrolla, y si está vinculado con la anunciada irrupción del Sub Comandante Marcos en las principales ciudades del país para alentar las luchas obreras, llamando al enfrentamiento unitario contra el capitalismo dependiente y el imperialismo hegemónico.

Pero de confirmarse nuestra primera impresión recogida a través de los diarios, nos atrevemos a suponer que esta irrupción significaría un salto cualitativo no sólo en las concepciones programáticas y metodológicas del movimiento zapatista y de su líder, sino también en la composición del espectro político y social mexicano, ya que le incorporaría nuevos actores de importantísimo protagonismo y consecuencias desestabilizadoras para la burguesía.

Quienes se proclaman socialistas revolucionarios no podrán desconocer este rol.

En la Argentina estamos viviendo una experiencia que, en muchos sentidos, es consecuencia del vacío de liderazgo que sufre el movimiento de masas a causa de la incapacidad de la izquierda socialista conocida para llenarlo con una alternativa propia, distinta a la que ofrecieron hasta ahora las organi-zaciones partidarias, ya sea por ultraizquierdismo, reformismo o burocratismo.

Registrar esa experiencia y analizarla con sentido crítico es la tarea a la que nos sentimos obligados.

Dicha experiencia argentina gira en torno a uno de los movimientos piqueteros mas representativos y numerosos como es el liderado por Raúl Castells.

Organizado por fuera de la influencia de todo partido o institución del Sistema, y en abierta lucha contra él, ha pasado a la acción política directa planteándose intervenir en las luchas obreras y populares tanto como en las elecciones nacionales con candidatos propios, para propagandizar y agitar el objetivo programático de un "frente de trabajadores", cuyo objetivo es la conquista del Poder, desalojando del mismo, mediante la organización y la movilización, a los políticos de la clase dirigente.

No se trata, esta vez, de una proclama más de las tantas que dirigentes o grupos organizados lanzaron para lograr que los demás los sigan. El llamado de Castells es distinto. Su movimiento cuenta no sólo con un programa revolucionario que se autodefine como clasista, democrático y antiimperialista, sino con una organización de alcance nacional representativa de los sectores sociales más explotados y sumergidos, a lo que debe sumarse, un método de lucha esencialmente basado en la organización de las bases y su movilización permanente.

Por si estos elementos constitutivos de dicho Frente no fueran suficiente-mente válidos como punto de partida, debemos registrar también la indiscutible trayectoria de su dirigente, Castells, con largos años de lucha marcados por resonantes episodios y por una dura represión que no ha logrado vencerlo ni cooptarlo para ponerlo al servicio del Régimen.

Por el contrario, el líder del MIJD (Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados) denuncia con firmeza los intentos de varios gobiernos en ese sentido, así como la capitulación de otros dirigentes.

Ese programa, esos métodos de lucha, y la decisión táctica de actuar en las próximas elecciones nacionales de 2007 (a pesar de que se definen como fraudulentas y de ninguna manera confiables), están siendo presentados como temas de discusión democrática, no en cenáculos de "vanguardistas" esclarecidos o en los tradicionales "comités" manejados por los "punteros" del régimen, sino en alrededor de 1.200 locales del movimiento y centros comunitarios esparcidos a lo largo y ancho del país. Allí, mujeres y hombres, en su mayoría desplazados de las estructuras laborales y sociales, y de muy poca experiencia política, son reunidos por Castells para debatir las explicaciones de los promotores del Frente y escuchar sus dudas, críticas, comentarios y propuestas, sin dejar de lado la elección de pre-candidatos entre los vecinos y activistas más represen-tativos de los barrios pobres.

Una experiencia de esta magnitud no registra antecedentes en el país.

Sin embargo, un hecho tan signifi-cativo y lleno de posibilidades, no ha recibido hasta ahora la entusiasta acogida de los grupos y partidos de la izquierda pretendidamente ortodoxa, volcados como están, cada uno por su cuenta, a preparar sus propios candidatos para la cosecha electoral.

Más aún, la posibilidad de realizar un Frente para golpear al enemigo común de manera coordinada, es rechazada por algunos dirigentes de esa izquierda por los supuestos rasgos de "caudillismo", "reformismo", "populismo" o simple "demagogia" atribuidos a Castells, más la subestimación o simple desprecio a las decenas de miles de pobres que lo siguen y alientan para continuar con esa propuesta. Pareciera que los preceptos de manual académico y las abstracciones falsamente "principistas" siguen pesando sobre la izquierda tradicional mucho mas que la necesidad estratégica de cambiar la actual relación de fuerza entre las clases sociales a favor de los explotados, echando a rodar una gran rueda detrás de la cual pueda encolumnarse la inmensa mayoría de los que no tienen nada que perder.

Una vez más vemos como el sectarismo y la autoproclamación sirven a ciertos dirigentes para preservar el propio aparato y renegar de ese modo de las concepciones y métodos del análisis marxista y de las enseñanzas de nuestros maestros.

Convencidos como estamos de que es necesario responder a una estrategia revolucionaria y no ceder a los prejuicios del esquematismo o la psicología vulgar, llamamos la atención de quienes profesan como nosotros el socialismo y participan de las luchas obreras y populares, para que, sin abandonar sus premisas políticas e ideológicas, ni tampoco sus propios métodos, y mucho menos la independencia de sus organizaciones partidarias, asuman con el mayor rigor crítico la tarea de aprovechar las posibilidades que hoy les ofrece un liderazgo real y representativo como el de Castells para poner en movimiento a las masas tras una perspectiva de contenido clasista, democrático y antiimperialista.

Es una oportunidad que no se presenta todos los días. Desaprovecharla o dejarla pasar por especulaciones falsamente "principistas" es no ser consecuente con las enseñanzas que hemos recibido de nuestra corriente marxista-leninista-trotskista de la cual nos sentimos parte.

Buenos Aires, 17 de julio del 2006.

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