Jacobo Silva Nogales:
Arte en Resistencia
Carlos Sandoval

Pluma 3- Verano 2006

on más de 300 obras pictóricas, Jacobo Silva Nogales (Comandante Antonio), preso político en el penal de máxima seguridad de La Palma, ha conseguido producir un exquisito acervo artístico que ha sido reconocido por no pocos críticos de arte a nivel nacional e internacional. En tan sólo seis años, desde su detención, Jacobo logró sobresalir como un pintor destacado, cuya obra tiene un valor que ha llegado a trascender el ámbito de lo estético, para llegar a lo político y social, posicionándose como un referente amplio en la lucha por la universalización de la cultura popular y la resistencia.

Alguna vez alguien le preguntó a Jacobo si era pintor de caballete, a lo que él se apresuró a responder que no, que él era pintor de lavabo, ya que en su celda de dos por tres metros, el único espacio donde podía sostener sus bastidores era en el rincón del lavabo; y es que Jacobo no ha contado con todas aquellas facilidades con las que el pintor tradicional desarrolla su obra; por el contrario, él ha tenido que sobrevenir las más difíciles condiciones, produciendo arte detrás de las rejas de una cárcel de máxima seguridad como lo es el Cefereso de la Palma, en donde incluso la diversidad en el color es considerada subversiva y el único color que se puede percibir es el gris monótono de los muros y paredes que están diseñadas para volver locos a los reos. Un par de tazos, de aquellos que vienen en las bolsas de frituras, funcionaron para Jacobo como las más perfectas espátulas; logró hacer ricas texturas con el polvo del entorno, con pequeños pedazos de pared, piedras y fierros. En el 2002, después de estar dos meses en huelga de hambre, Jacobo sufrió una pérdida de cabello, el cual terminó plasmado en un cuadro cuya textura formaba con bultos de cabello la palabra "libertad".

Así, desde uno de los rincones más obscuros de este sistema, coartada su libertad y violada su integridad física, Jacobo materializó la imagen estética de la lucha de clases en una serie de temas y contenidos que van desde su tortura y detención arbitraria, los efectos secundarios de la cárcel, la militarización, la explotación y la opresión, hasta la resistencia del pueblo, el humanismo de la revolución, y el amor incondicional al pueblo oprimido. Aquel que ha visto su obra, diría que sólo quien ha vivido en carne propia la lucha popular y sufrido la represión del Estado, sería capaz de producir lo que Jacobo ha logrado con su trabajo pictórico.

Pero, ¿quién es Jacobo Silva y por qué está preso? Él, junto con su esposa Gloria Arenas Agis, fueron detenidos arbitrariamente con violencia y con total irrespeto a las garantías constitucionales en octubre de 1999; fueron sometidos a un juicio ilegal ignorando el debido proceso establecido en el derecho penal nacional e internacional; fueron torturados y obligados a firmar papeles que después serían presentados como declaraciones autoinculpatorias; ¿el motivo? El haber sido miembros de la dirigencia nacional y fundadores del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), una organización político-militar que lucha por la construcción y la defensa del poder popular, entendido como "el ejercicio de la soberanía popular" por medio la construcción de "un poder de lucha permanente, democrático, colectivista pero respetuoso de la individualidad, autogestivo y que impulse el espíritu autodefensivo, rebelde, organizativo y soberano del pueblo"1 .

Jacobo Silva (Comandante Antonio) y Gloria Arenas (Coronela Aurora), tomaron la experiencia de décadas de lucha revolucionaria y se convencieron de que el pueblo no podía esperar a que llegara la revolución para entonces cambiar su realidad inmediata. No se podía, a su parecer, ser antidemocrático para construir la democracia, o ser autoritario e impositivo para construir consensos. No podían seguir reproduciéndose el machismo, el racismo, o la xenofobia, en aquellos que luchan por la igualdad. Se convencieron de que esa nueva sociedad con la que soñaron tenía que empezar a ser construida desde ahora, y en todos los ámbitos, desde el familiar y personal, hasta el social-estatal, es decir en los niveles micro y macro. A decir de Jacobo, "el poder popular necesariamente debe impulsar cambios profundos, que abarquen también el nivel microsocial: que quiere acabar con la represión en la familia, en la escuela, en el trabajo, en las culturas. Por eso es que el poder popular se debe construir, sin excusa ni pretexto, en el aquí, en el ahora, desde abajo y hasta sus últimas consecuencias2 ". A través de su lucha, fueron cuestionando muchos de los dogmas y paradigmas del movimiento, y fueron rompiendo los esquemas trazados que mucho daño hicieron al pueblo; se dieron cuenta que la revolución significaba la reestructuración integral de las relaciones sociales; que se necesitaba una nueva forma de relacionarse; que el opresor estaba también en cada uno de nosotros, por lo que, tanto se es opresor como oprimido; y que consecuentemente había que comenzar la revolución desde adentro y desde abajo, democratizando y humanizando todas sus instancias; en fin, se dieron cuenta que no bastaba con "dirigir" al pueblo sino que como decía Lucio, había que "ser pueblo, hacer pueblo y estar con el pueblo".

Es por esto que el Estado se ensañó con ellos, y buscó derrotarlos, amedrentarlos y destrozarlos tanto física como moralmente, por lo que eran y por lo que representaban. Sin embargo, Jacobo y Gloria no se arrepienten de lo que hicieron, sino que aceptan con la frente en alto haber sido quienes eran. Y no podía ser de otra manera, pues el Estado en muchas ocasiones busca acusar de "guerrillero" a cualquier estudiante, indígena, campesino, obrero, hombre o mujer que se atreva a cuestionar al sistema, como si esto justificara los tratos degradantes, las torturas y las vejaciones que contra él o ella se cometan. Jacobo y Gloria declararon que sí habían sido miembros del ERPI, y que no podía ser lo mismo ser revolucionario a ser delincuente, ya que estos son dos conceptos opuestos y contradictorios; y los delincuentes, en cambio, son aquellos que hoy ostentan el poder. En su declaración preparatoria, Jacobo decía que:


Jacobo y Gloria fueron sentenciados a 51 años de cárcel, con cargos fabricados de homicidio, tentativa de homicidio, daños en propiedad ajena, y rebelión. Desde el inicio, su proceso ha estado colmado de irregularidades, ya que el Estado no tiene fundamentos reales para sustentar estos cargos, con la excepción del "delito" de rebelión por el sólo hecho de su declarada militancia en el ERPI. Cabe mencionar que a raíz de su encarcelamiento, Jacobo y Gloria han anunciado que ya no pertenecen a esta organización, pues su lucha necesariamente ha tomado diferentes características, y aun en caso de ser liberados, han dicho que viven una nueva etapa en su esfuerzo revolucionario, la cual tiene características civiles, pacíficas y, oportunamente, artísticas. Es por esto que Jacobo y Gloria se han adherido a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, desde donde han continuado su quehacer político, convencidos de que los tiempos actuales exigen una mayor organización del movimiento social.

Sin embargo, desde el 14 de enero del 2005, cuando el ejército con uniformes de la PFP y la AFI tomó el control del penal de la Palma, Jacobo fue despojado de sus materiales de pintura y no se le ha permitido continuar con su trabajo artístico. Al parecer, las autoridades consideraron que sus pinturas eran "peligrosas" para el establishment y que por lo tanto había que ponerle un alto al gran peligro de la creatividad. Desde entonces, se le ha restringido además de la pintura, el acceso a revistas y libros, materiales de aseo personal, visitas, y tiempo de patio, entre otras cosas.

No obstante, la palabra y el arte de Jacobo han llegado a un punto en el que ya no podrán ser acallados por el Estado; no por que sea Jacobo el sujeto creador, sino por lo que ahora representa su arte, para ese pueblo en lucha, ese pueblo rebelde, que resiste y que ha hecho suya la significación de ese medio estético que representa el arte de Jacobo Silva.

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