PLUMA No.1

Revista teórica marxista de política, arte y literatura

No. 1 Invierno del 2005

 

Dos conceptos sobre la Revolución, dos programas de la "izquierda"
Por Cuauhtémoc Ruiz Ortiz

La conmoción revolucionaria rusa de hace un siglo suscitó una honda reflexión y debate entre los intelectuales y políticos de todas las clases sociales. Las conclusiones contrapuestas sobre el acontecimiento terminaron por fracturar a los socialistas, divididos desde entonces entre revolucionarios y reformistas del capitalismo.

El ala revolucionaria concluyó que debió haberse buscado la alianza entre obreros y campesinos para que ambas clases tomaran el poder y construyeran una nueva economía y sociedad, socialistas; mientras que el sector reformista infirió que los obreros no debían haber tomado las armas ni haber sido tan combativos, y que la clase trabajadora debió haber apoyado a la burguesía para que ésta tomase el poder y liquidase al absolutismo.
Esta escisión en el seno de "la izquierda" rusa se trasladaría a otros países y se hizo universal. Treinta y tantos años después José Stalin, al frente de URSS y de la Tercera Internacional Comunista adhirió plenamente al concepto reformista y estableció la estrategia de que el proletariado debe impulsar "frentes populares" o alianzas con las burguesías "progresistas" en todos los países.

A la fecha, tal escisión entre la izquierda mundial se mantiene y en México se ha manifestado dramáticamente durante grandes episodios políticos, como los tiempos posteriores a la insurrección del EZLN de 1994.

1905 rompió un esquema de Marx
Carlos Marx, el fundador del socialismo científico, muerto en 1883, esperaba que la revolución social comenzara en los países económicamente más avanzados y donde una revolución burguesa, como la francesa de 1789, había sentado las bases para el desarrollo del capitalismo al destruir el poder de los latifundistas feudales y del absolutismo.
Rusia en1905 minó este esquema: el capitalismo de principios del siglo XX ha entrado a una nueva fase, terminal y decadente. Por ello la burguesía, en el momento en que la autocracia rusa hizo las primeras concesiones políticas, en octubre de ese año, se echó para atrás, abandonando la lucha a pesar de que sus aspiraciones distasen mucho de estar satisfechas. La burguesía retrocedió por miedo a las masas obreras y la pasividad de los campesinos resultó ser el principal obstáculo y el arma más importante de la contrarrevolución, porque hombres del campo fueron los soldados que reprimieron a las masas urbanas insurrectas.

Los mencheviques y la sumisión obrera a la burguesía
En Rusia, luego de la Revolución de 1905, los socialistas se dividen de manera definitiva entre los mencheviques (reformistas) y los bolcheviques (revolucionarios). Los primeros acusan a los bolcheviques de "abandono de las perspectivas de Marx, de intentar organizar artificialmente una revolución proletaria por medio de conspiraciones a pesar de que, en una primera etapa histórica, las condiciones objetivas sólo permiten una revolución burguesa". Para los reformistas, "la transformación que se llevaba a cabo era una revolución burguesa y no socialista: era una revolución que debía ser hecha por la burguesía."

De este concepto derivaban la siguiente estrategia política: durante una revolución los obreros y el partido socialista no deben ser demasiado combativos ni radicalizarse. Los obreros "no debieron haber empuñado las armas", concluyen, y deben "buscar, antes que nada, la alianza con la burguesía liberal, para ganar posiciones parlamentarias con ella…" Según Martinov, uno de los ideólogos mencheviques, "el partido 'debe impulsar la democracia burguesa'." Los mencheviques llegaron a preguntarse si era correcto construir un partido de los obreros o hacer un partido pluriclasista.

Nace la teoría de la Revolución permanente
"Para los bolcheviques la revolución de 1905 ha demostrado que el proletariado era capaz de acabar simultáneamente con sus dos enemigos, la autocracia y la burguesía, a condición de contar con el apoyo del campesinado que le faltó en ese año."

Según León Trotsky, la burguesía había ya dejado hace mucho de ser revolucionaria y en Rusia se había desarrollado una industria capitalista patrocinada por el Estado y basada en los capitales extranjeros. Con esta industria se había creado un poderoso y moderno proletariado, mientras que no existía una auténtica burguesía rusa. De ello derivó que "en un país atrasado económicamente, el proletariado puede hacerse con el poder antes que en un país capitalista avanzado." Para ello preconizaba la alianza de los obreros con los campesinos, aunque consideraba que "la clase campesina, por revolucionaria que sea, no es capaz de… asumir una dirección política." Reservaba este papel al proletariado y concluía en la necesidad de luchar por un gobierno que se apoyara "directamente en el proletariado y, por medio de él en la clase campesina revolucionaria…"

Trotsky coincidía con todos los socialistas en que en la Rusia de 1905 era necesaria una revolución democrático-burguesa, como la realizada por la burguesía francesa en 1789. Aunque sostenía que tal revolución burguesa sólo podría llevarla a cabo otra clase: la trabajadora, desde el poder. Pero, una vez en el poder, el proletariado no podría limitarse a actuar dentro de los límites de la dominación del capital y tendría que chocar contra ella, adoptando medidas propias de una revolución socialista, como la expropiación de las fábricas que cerrasen, el apoyo desde el gobierno a los obreros huelguistas, la organización de la producción basada en una gestión colectiva de las fábricas y las empresas, etcétera. En otras palabras, la revolución burguesa, para triunfar, tenía que combinarse con otra revolución, la del proletariado. El proceso no podría detenerse en la revolución burguesa y debería avanzar hasta la revolución socialista. Tal es esquemáticamente la teoría de la revolución ininterrumpida o permanente.

Como parte de este concepto, tanto Lenin como Trotsky coincidían en la imposibilidad de que el socialismo pudiese triunfar en un solo país: "La clase obrera rusa no podrá mantenerse en el poder ni convertir su dominio temporal en una dictadura socialista permanente sin el apoyo estatal directo que le prestase el proletariado europeo", escribió este último, en 1906 .

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