PLUMA No.1

Revista teórica marxista de política, arte y literatura

No. 1 Invierno del 2005

 

El espectacular triunfo obrero en Sicartsa

El triunfo obrero en Euzkadi parecía excepcional, pues el panorama de la lucha laboral estaba plagado de derrotas, de cierres de empresas, despidos, huelgas sin salida o declaradas inexistentes o que eran derrotadas.

Pero en el puerto industrial de Lázaro Cárdenas, en Michoacán, estalló la huelga de los trabajadores de la Siderúrgica Lázaro Cárdenas Las Truchas, S.A. (Sicartsa), organizados en la Sección 271 del Sindicato Minero Metalúrgico, afiliado a la CTM.


Los trabajadores sufrían despidos, un rezago salarial tremendo, violaciones a sus condiciones de trabajo pactadas en el contrato colectivo, además de que la patronal no quería aceptar la sindicalización del personal de sus instalaciones de Apodaca.

Había muy buenas razones para luchar, pero el gobierno trató de meterlos en cintura declarando inexistente su huelga, con el ridículo argumento, una vieja treta, de que estalló… ¡un minuto antes de lo fijado!

De inmediato el gobernador estatal perredista, Lázaro Cárdenas Batel, nieto del tata Lázaro Cárdenas, anunció su respaldo a la medida del gobierno federal, preparando a la policía estatal para desalojar a los trabajadores apostados en la planta. ¡Un gobierno "democrático" se prestó a romper violentamente una huelga legítima!, lo cual muestra el carácter burgués de este tipo de gobiernos de la "revolución democrática".

La indignación fue mayúscula, los trabajadores se dispusieron a defender su movimiento, armándose de lo que tuvieron a mano. Iban a defender a toda costa la huelga, algo en lo que ya tienen experiencia pues, hace algunos años, lucharon por derrocar a una dirección charra y, al pretender negarles ese derecho, tomaron la planta y la defendieron en una batalla cuerpo a cuerpo con la policía.

Así que el gobierno sabía que los obreros no estaban jugando cuando alistaron las primeras bombas molotov, o cuando marcharon acompañados de sus familias y la población de la ciudad de Lázaro Cárdenas, que sabía que de la industria depende la vida económica del puerto.

Y el charro del sector minero, Napoleón Gómez Urrutia, lo sabía más y, como también le interesaba aumentar el número de afiliados, entonces se vio precisado a emprender algunas acciones, como un paro en todas las secciones del sindicato minero a nivel nacional, para reclamar el reconocimiento de la huelga.

El resultado del movimiento fue sorprendente, pues primeramente el empuje del movimiento obligó a los jueces a declarar legal el movimiento de huelga (previo aval del gobierno, por supuesto). Posteriormente obligaron a la patronal a ceder lo que no quería y le arrancaron un aumento del ¡42 por ciento en salario y prestaciones!, además de un bono de 7 mil 250 pesos, un incremente realmente extraordinario, porque los aumentos de este tipo no son mayores al cinco por ciento.

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