PLUMA No.1

Revista teórica marxista de política, arte y literatura

No. 1 Invierno del 2005

 

La Revolución Rusa de 1905

Los soviets y la huelga general insurreccional
Por: Ramón Muñoz

"La huelga había sacado a centenares de miles de obreros de las fábricas a la calle y los había despertado a la vida política pública. ¿Quién debía hacerse cargo de la dirección de esas masas, quién podía llevar la disciplina a sus filas? ¿Cuál de los órganos del viejo poder gubernamental? ¿La policía? ¿La g endarmería?... Yo encuentro una sola respuesta: Nadie, excepto el Consejo de Diputados de Obreros".
León Trotsky. [1]

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En el año 2005 se cumple un ciclo de cien años de revoluciones obreras en el mundo. En efecto, con la Revolución Rusa de 1905 se inauguró una etapa de nuevas experiencias de organización y lucha, y del programa político del proletariado.
Se puede decir, de manera sintética: 1905 es el preludio, el "ensayo general" de la gran revolución obrera rusa de 1917. Por ello, volver a 1905 es una oportunidad para los obreros de verse en un espejo cuya imagen, clara y nítida, le muestra el camino político y de organización que garantizará el triunfo de la revolución socialista con democracia que está por venir.

Miseria por el desastre militar contra Japón
El cura Gapón era una celebridad en los barrios obreros de Petrogrado. Atento de las familias desposeídas, de los enfermos, los presos y los obreros desempleados, se ganó el prestigio de ser defensor de los pobres. A finales del siglo XIX, el campo ruso presentaba el contraste de una clase de propietarios ricos que era minoritaria, frente a una mancha enorme de campesinos sin tierra y víctimas del hambre; pero a principios del XX, se aunaba a esta inquietud el malestar de la clase obrera que residía en las ciudades, sobre todo a partir de los desastrosos resultados que dejó la guerra de 1904, cuando el insensato imperio ruso, sin reconocer su decadencia, creyó llegada la hora de debutar como país saqueador y recibió una paliza humillante en Japón.
El pope Gapón debía su celebridad a los fenómenos que se desarrollaban en las raíces más profundas de la sociedad; los obreros, creyentes y pobres, vieron en él a la persona idónea para darle noticia al zar de su desdicha: "Nosotros, obreros, vecinos de Petersburgo, acudimos a Ti. Somos unos esclavos desgraciados y escarnecidos; el despotismo y la arbitrariedad nos aplastan", decían en su mensaje las masas que se reunieron en las calles principales de Petrogrado ese 9 de enero de 1905.
Pero la petición, en su sencillez, no podía sino ofender la sensibilidad despótica del zar, quien entendió un desafío al escuchar: "¡Señor! ¡No niegues la ayuda a Tu pueblo! ¡Derriba el muro que se alza entre Ti y Tu pueblo! Dispón, júranoslo, que nuestros ruegos sean cumplidos y harás la felicidad de Rusia; si no lo haces, estamos dispuestos a morir aquí mismo. Sólo tenemos dos caminos: la libertad y la felicidad o la tumba". [2]
Y así, demandas como amnistía, libertades sociales, mejor salario, entrega gradual de la tierra al pueblo, asamblea constituyente, sufragio universal, etc., dieron motivo a una sangrienta represión. La solicitud, los iconos y la representación del cura Gapón fueron atendidos con una masacre. Por ello, el 9 de enero de 1905 es recordado como el "Domingo sangriento" y, a este domingo, por ser el inicio de la Revolución Rusa de 1905.

Una poderosa crisis revolucionaria
Las consecuencias de este acto de la monarquía tirana no se circunscribieron a la respuesta de los obreros, empleados y universitarios que, de inmediato, salieron a las calles a responder a las agresiones del ejército zarista con una huelga general. Un hilo de fuego partió del centro de Petrogrado para incendiar, mediante la huelga, a más de cien ciudades importantes, centros ferroviarios, minas y escuelas.
La pobreza, la frustración y la tensión social acumuladas durante décadas, se convirtieron en una energía revolucionaria que sólo necesitó de un movimiento social con tintes de religiosa ingenuidad, para mostrar el esplendor de su fuerza y energía.
Esta fue una crisis social de largo aliento que aprendió a guardar con celo sus métodos y vivencias, consciente de que se prolongaría a través de los meses futuros. Un periodo que despertó la conciencia política y adquirió el valor necesario para la lucha revolucionaria; meses que vieron aparecer a los comités vecinales y estudiantiles, a las discusiones a puerta de fábrica, a los guiños de los soldados con algunas representaciones campesinas en gestación; semanas con nuevos periódicos revolucionarios, con oferta de publicaciones nunca vistas en un régimen tiránico, con un renacimiento cultural y artístico y, en fin, con una vida de plaza pública, con debates en los parques y las esquinas, con discusiones abiertas y exaltadas en el café, la calle o el tranvía.
A fines de septiembre de 1905, las libertades democráticas del petitorio llevado por el cura Gapón a principios de año parecían integrarse, como realidad natural, en la conciencia de los obreros rusos. En Moscú se inauguró una huelga general con los trabajadores tipográficos, cuya extensión llegó a los obreros ferroviarios. Después, la asamblea de representantes obreros de la imprenta, de la mecánica, de la carpintería, el tabaco y otras ramas, resolvieron constituir un consejo (soviet) general de los obreros de Moscú.

La huelga general
Pero esto apenas era un augurio de los nuevos tiempos. Durante las primeras semanas del mes de octubre se extendió por toda Rusia una huelga de los ferrocarrileros, que se convirtió en huelga general en la medida en que se unían nuevos sectores sociales. Una multitud variopinta, con el proletariado y la bandera roja al frente, con consignas de Asamblea Constituyente, voto universal, disminución de la jornada laboral, mejores salarios, tierra y a favor de la República. La Rusia aletargada se convirtió así en la Rusia del proletariado y del pueblo revolucionario:

"El medio principal de la transición fue la huelga de masas. La perculiaridad de la revolución rusa consiste precisamente en que, por su contenido social, fue una revolución democrático-burguesa, mientras que, por sus medios de lucha, fue una revolución proletaria. Fue democrático-burguesa, porque el objetivo inmediato que se proponía, y que podía alcanzar directamente con sus propias fuerzas, era la república democrática, la jornada de 8 horas y la confiscación de los inmensos latifundios de la nobleza, medidas todas ellas que la revolución burguesa de Francia llevó casi plenamente a cabo en 1792 y 1793.
"La revolución rusa fue a la vez una revolución proletaria, no sólo por ser el proletariado su fuerza dirigente, la vanguardia del movimiento, sino también porque el medio de lucha específicamente proletario, la huelga justamente, fue el medio principal para poner en movimiento a las masas y el fenómeno más característico del sinuoso desarrollo de los acontecimientos decisivos".
[3]

El absolutismo perdió la cabeza y cedió con un manifiesto conciliador, al constatar la rapidez con que el virus rojo se había extendido de los sectores obreros a los cuarteles del ejército; además, la actividad de la bolsa europea trastabillaba. Pero el enemigo no estaba derrotado: prometía elecciones y Asamblea Constituyente pero organizaba subrepticiamente a sus agentes para hacer la obra negra de un futuro genocidio, para disolver el soviet formado paulatinamente, pero con aprobación absoluta de los delegados, a partir del 14 de octubre.

Los soviets: el rescate de una historia
El Consejo de Diputados de Obreros, llamado en Rusia "soviet", es una aportación fundamental de la Revolución de 1905 para el movimiento obrero mundial. Con su estructura, fue posible enlazar a los trabajadores ubicados en lugares apartados con la gente de la ciudad o con las organizaciones campesinas; con el soviet fue posible integrar la reflexión del ciudadano común con la del obrero, el marinero o con la del universitario:

"El soviet debía ser un organismo representativo amplio que incluyera todos los matices de opinión de la clase obrera, pues sólo así podría constituir una dirección unificada en la huelga general y en la situación revolucionaria que pudiera desarrollarse a partir de ésta". [4]

El soviet fue instancia de discusión, para organizar y tomar decisiones. Además, concentró en su trabajo diario las decisiones administrativas necesarias para mantener la marcha de la vida cotidiana: para proveer de víveres a los sectores aislados o pobres, para nutrir con municiones a los batallones obreros, para organizar el transporte y las vialidades, la enseñanza, la recolección de granos del campo, los casos de justicia, la respuesta a las necesidades de gente en problemas y aun de los pedigüeños.

El soviet creció ante los ojos de la corte zarista como un poder que competía con el absolutismo. En la sociedad existe un "doble poder", el de la burguesía y el proletariado. Y así era: en lo sucesivo, los trabajadores comprendieron que el soviet era la única instancia que podía resolver las demandas democráticas no cubiertas por la gestión en bancarrota del zar Nicolás Romanov y, mucho menos, por una dirección política formada con los burgueses y los liberales.

En la misma coyuntura, se presentó una lucha por restablecerle la palabra a los ciudadanos, por la apertura de los medios de difusión, por la muerte del espionaje en correos y telégrafos, por el respeto a las opiniones diversas... por la democracia más amplia y profunda. La prensa del soviet aparecía con notas, ideas, reflexiones y análisis cuyo contenido, bajo otras circunstancias, hubiera condenado a muerte a sus autores. Empero, la lucha en donde el proletariado expresó la profundidad de su cometido histórico fue aquella que sintetizaba su demanda por las 8 horas de trabajo. Aquí la movilización no se ubicaba estrictamente en la toma de fábrica o en las actividades del soviet: era imprescindible armarse, y armarse bien, para defender esta libertad democrática esencial.

Ganar al proletariado para la insurrección
Los meses de enero a octubre atestiguaron una revolución en crecimiento, con algunas semanas de repliegue, contradictorias, pero con una notable tendencia al ascenso revolucionario que se concentró, sobre todo, en octubre. Sin embargo, para noviembre ya eran evidentes algunos signos de agotamiento en la vanguardia revolucionaria. Y ante los signos de debilidad, crecían las amenazas y las intervenciones de los agentes negros del zarismo, que se dedicaban a asesinar a ciudadanos comunes y militantes obreros, y a hacer selectivo el robo y el incendio de las casas habitadas por familias de trabajadores. "Está claro que los días del soviet estaban contados, y de ese momento en adelante su actividad tuvo un carácter fundamentalmente demostrativo, dirigido a familiarizar al pueblo con los principios y métodos de la revolución". [5]

Esto es, la visión revolucionaria decidió preservar el valor de su propia historia; una memoria íntimamente asociada a la reflexión de Trotsky, quien observó en su fuerza política y su capacidad de organización un capítulo más allá de las puras demandas democráticas. La Revolución de 1905 - en la que León Trotsky, que tenía apenas 25 años, cumplió un papel de dirigente- añadió una enseñanza de gran significación para las revoluciones del mundo: con ella se inauguró la era de la Revolución Permanente, en donde el proletariado ejerce su dirección y hace cristalizar su propia política:

"[...] el destino de Trotsky en 1905 no consistió en ganar una insurrección proletaria, sino en ganar al proletariado para la insurrección. En todo momento explicó por qué una huelga general, en la que algunos ponían sus esperanzas para el milagroso derrocamiento del zarismo, no podía lograr ningún cambio fundamental a menos que desembocara en la insurrección. En todo momento explicó lo que hacía falta para asegurar el triunfo de la insurrección".

Pero, además, era necesario mantener un balance histórico para el futuro:

"Quienes conciben una revolución como una conspiración ingeniosamente preparada y no ven detrás de ella la prolongada y lenta acumulación de agravios, experiencias e ideas tácticas en la mente del pueblo, podrán desdeñar tal pedagogía revolucionaria; podrán considerar las resoluciones insurreccionales del soviet como amenazas huecas, y no fueron otra cosa si se juzgan a la luz de los resultados inmediatos. Pero la prueba del método del soviet y de Trotsky pertenecía al futuro. La revolución de febrero de 1917 llevaría a la práctica la idea heredada de 1905. Su primer acto habría de ser una combinación de huelga general e insurrección armada, llevada al triunfo por los mismos obreros de Petersburgo a los que Trotsky se había dirigido en 1905, y por sus hijos". [6]

Notas

[1] Trotsky, Obras. Edición en ruso. Vol. II, libro 2, pp. 163-164.

[2] Lenin Obras completas. Enero de 1917.

[3] Lenin, Op. Cit.

[4] Deutscher, Isaac, Trotsky, El profeta armado, México, Ed. Era., p. 126

[5] Deutscher, I. Op. Cit., p. 138.

[6] Idem.

 

Una mecha prendida que la “izquierda oficial no percibió

Como es costumbre, la revolución de 1905 apareció sin que los expertos y analistas sociales más conspicuos la hayan descubierto a tiempo. Por lo general, en esos periodos previos, de silencio, los teóricos de la “izquierda oficial” son dueños del espacio político en los parlamentos, poseedores de una retórica afín a la conservación del Estado burgués, capaces de redactar verdaderas dosis de opio como la siguiente:

“La democracia proporciona la posibilidad de derrocar la potencia política de los explotadores, cada día con más frecuencia, debido al aumento constante del número de obreros.

“Cuando más cierto va siendo esto, el Estado democrático va cesando más cada día de ser un simple instrumento en las manos de los explotadores. El aparato gubernamental comienza ya, en determinadas circunstancias, a volverse contra ellas, es decir, a funcionar en sentido opuesto al que funcionaba hasta aquí. Comienza a cambiarse de instrumento de opresión en instrumento de liberación de los trabajadores”.

La “izquierda oficial”, mezquina en sus observaciones, dormía profundamente, convencida de la “imposibilidad” de una revolución proletaria en un país no desarrollado, como Rusia; pero he aquí que una movilización sencilla, por sus demandas y capacidad de organizarse, puede acudir como una mecha prendida en un cuarto oscuro lleno de pólvora.

 

1.- Kautsky, Karl. Concepción materialista de la historia , Tomo II, pp. 59, 598-99, 448.

 

 

La lucha de la memoria contra el olvido

No obstante las voces entusiastas de quienes, beneficiados por los privilegios electorales, se dedican a resaltar el falso contenido de la democracia establecida, existe una línea de continuidad en la memoria histórica de los trabajadores del mundo que descubre los valores de otra democracia, entendida como expresión directa de los métodos de lucha y la visión política de la clase obrera.

Este es, indudablemente, el motivo por el cual los patrones pretenden disolver los testimonios revolucionarios. La lucha por la conciencia de los trabajadores se efectúa todos los días; más allá de la presencia lapidaria de la ideología patronal, de sus medios de comunicación y de sus instituciones, persiste el eco combativo de la vanguardia obrera. Y aquí, frente a nosotros, se efectúa una lucha de la memoria contra el olvido. En esta perspectiva, es evidente, la memoria saldrá vencedora

El regreso a las enseñanzas de la Revolución Rusa 1905 fortalece nuestros lazos con la memoria histórica del proletariado mundial; abrevar con inteligencia en su contenido es de vital importancia para los trabajadores contemporáneos. En su proeza de huelga de masas y la formación de soviets se nutre el fundamento de la tradición de las “coordinadoras”, que germinó en las grandes movilizaciones de la clase obrera mexicana de la década de los setentas y los ochentas, hasta mantener su significado en los movimientos clasistas de la actualidad.

La creatividad organizativa de los trabajadores mexicanos pone, con su memoria de hacer “frentes” o coordinadoras por delante, la primera piedra de la Revolución Permanente , a la que deberá añadir la agudeza de su programa político y la integración de una dirección revolucionaria que los conduzca en el futuro, mediante la insurrección, a la victoria (J.M.).

 

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