PLUMA No.1

Revista teórica marxista de política, arte y literatura

No. 1 Invierno del 2005

 

La Formación del Soviet de Diputados Obreros

Por: León Trotsky

 

León Trotsky fue uno de los principales protagonistas de la Revolución de 1905. Con tan sólo 25 años, se convirtió en el principal dirigente del soviet de Petersburgo lo que, a la hora de la represión zarista, le valió ser encarcelado y deportado. Escribió 1905, Resultados y perspectivas, de donde hemos tomado el siguiente fragmento en el que explica qué fueron los consejos de diputados obreros llamados, en el idioma ruso, soviets. Aclaramos que la Duma municipal era lago parecido a la actual Asamblea de Representantes del Distrito Federal.

El Soviet de Petersburgo fue un ejemplo y modelo para Moscú, Odesa y varias otras ciudades. Pero hay que señalar sobre todo que esta organización, que verdaderamente emanaba de la clase de los proletarios, fue la organización-tipo de la revolución. Todos los acontecimientos giraron en torno al soviet, todos los hilos se anudaron a él, todos los llamamientos procedieron de él.

¿Qué era el soviet?

El Soviet de Diputados Obreros se formó para responder a una necesidad objetiva, suscitada por la coyuntura de entonces: era preciso tener una organización que gozase de una autoridad indiscutible, que agrupara desde el primer momento a las multitudes diseminadas y desprovistas de enlace; (…)

El 13 de octubre, en el Instituto Tecnológico, tuvo lugar la primera sesión del futuro soviet. Sólo estaba unos treinta o cuarenta delegados. Fue decidido llamar inmediatamente al proletariado de la capital a la huelga política general y a la elección de delegados (…)

La huelga de octubre caminaba con paso seguro hacia su apogeo. A la cabeza de la manifestación, avanzaban los obreros del metal y la imprenta. Fueron los primero en entrar en combate y formularon de forma neta y precisa, el 13 de octubre, sus lemas políticos.

“Declaramos la huelga política y lucharemos hasta el fin por la convocatoria de la Asamblea constituyente sobre la base del sufragio universal, igualitario, directo y secreto, con el fin de instaurar en Rusia la república democrática.”

 

Una huelga armada, insurreccional

Al promulgar los mismos lemas, los obreros de las plantas eléctricas declaraban: “Unidos con la socialdemocracia, lucharemos por nuestras reivindicaciones hasta el fin y afirmamos ante toda la clase obrera que estamos dispuestos a combatir con las armas en la mano por la liberación total del pueblo.”

La exigencia del momento era definida de manera aún más atrevida por los obrero tipógrafos: “Reconociendo que la lucha pasiva es por sí misma insuficiente, que no basta con abandonar el trabajo, decimos: que es preciso transformar las columnas de la clase obrera en huelga en un ejército revolucionario, es decir, organizar inmediatamente compañías de combate. Que estas compañías se ocupen de armar al resto de las masas obreras, si es preciso mediante el saqueo de las armerías y arrebatando sus armas a la policía y el ejército allí donde se pueda.” Esta resolución no se quedo en meras palabras. Las compañías de tipógrafos armados alcanzaron un éxito notable al apoderarse de las grandes imprentas que sirvieron para la publicación del periódico llamado las Noticias del Soviet de Diputados Obreros; rindieron servicios inapreciable con ocasión de la huelga de correos y telégrafos.

 

El gran poder y autoridad de los soviets

El 15 de octubre, todavía trabajaban en su mayor parte las fábricas textiles. Con el fin de arrastrar a la huelga a los abstencionistas, el soviet elaboró toda una serie de medios graduales, desde las exhortaciones hasta el empleo de la violencia. No se vio obligado, empero, a recurrir a este extremo. Si los llamamientos impresos permanecían sin efecto, bastaba con la aparición frente a la fábrica de una multitud de huelguistas, a veces incluso de unos cuantos hombres, para que cesase el trabajo. (…)

El 16 de octubre, todas las fábricas textiles estaban ya en huelga. Sólo en el centro de la ciudad estaban abiertas las tiendas. En los barrios obreros, todo comercio había cesado. Al ampliar la huelga, el soviet se ampliaba y afirmaba a sí mismo. Toda fábrica que abandonaba el trabajo nombraba un representante y lo enviaba, provisto de los papeles necesarios, al soviet. (…)

Una diputación especial del soviet fue encargada de formular ante la Duma municipal las reivindicaciones siguientes: 1º adoptar medidas inmediatas para reglamentar el aprovisionamiento de la masa obrera; 2º abrir locales para las reuniones: 3º suspender toda distribución de provisiones, locales, fondos a la policía, a la gendarmería, etc.; 4º asignar las sumas necesarias para el armamento del proletariado de Petersburgo que lucha por la libertad (…)

Más representativo que el parlamento burgués

El obrero Radin, portavoz de la diputación, dirigió las siguientes palabras a la Duma:

“El monstruoso sistema de elecciones ha querido que los bienes de una ciudad que cuenta con millón y medio de habitantes se encuentren entre las manos de representantes de unos miles de propietarios. El Soviet de Diputados Obreros exige tiene derecho a exigir, no a solicitar, pues representa a varios cientos de miles de obreros, habitantes de esta capital, mientras que vuestra voz es sólo la de un puñado de electores-, el Soviet de Diputados Obreros exige que los bienes municipales sean puestos a disposición de todos los habitantes de la ciudad para sus necesidades. Y como, en este momento, la lucha contra el absolutismo es la tarea más importantes que se impone a la sociedad, y como nosotros necesitamos para proseguir esta lucha lugares de reunión, ¡abridnos nuestros edificios municipales!

“Necesitamos recursos para continuar la huelga, ¡asignad los fondos de la municipalidad para este objeto, y no para mantener a la policía y a los gendarmes!

“¡Necesitamos armas para conquistar y guardar la libertad!¡asignad los fondos necesarios para la organización de una milicia de proletarios!”

A medida que se desarrollaba la huelga de octubre, el soviet se convertía naturalmente en el centro que atraía la atención general de los hombres políticos. Su importancia crecía literalmente de hora en hora. El proletariado industrial había sido el primero en cerrar filas en torno a él. La unión de los sindicatos que se había adherido a la huelga a partir del 14 de octubre, tuvo casi inmediatamente que reconocer el protectorado del soviet. Numerosos comités de huelga –los de ingenieros, abogados, funcionarios del gobierno- regulaban sus actos por las decisiones del soviet. Sometiendo a las organizaciones independientes, el soviet unificó en torno suyo la revolución.

 

Un diputado por cada 500 obreros

El soviet, para tener autoridad sobre las masa, al día siguiente de su formación, tenía que instituirse sobre la base de representación muy amplia. ¿Qué principio había de adoptarse? La respuesta era obvia. Al ser el proceso del producción el único nexo que existía entre las masa proletarias, desprovistas de organización, no había otra alternativa sino atribuir el derecho de representación a las fábricas y los talleres. Había un delegado por cada quinientos obreros. Las pequeñas empresas industriales se unían para formar agrupaciones de electores. Los jóvenes sindicatos recibieron igualmente el derecho de representación.

La asamblea del soviet tenía más aire de consejo de guerra que de parlamento. ¡Ni rastro de verbosidad, esa plaga de las instituciones representativas! Las cuestiones sobre las que deliberaba de carácter puramente práctico y los debates se proseguían sin frases inútiles, en términos breves, enérgicos. Se sentía que cada segundo valía un siglo. La menor veleidad de retórica tropezaba con una resuelta propuesta del presidente, apoyada por todas las simpatías de la austera asamblea.

 

Trotsky, León, 1905, Resultados y perspectivas, Francia, Editons Ruedo Ibérico, 1971, págs. 103-109. Los subtítulos son de los editores Pluma.

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